El pleito por México

Todo comenzó con el incidente que meses atrás, puso a temblar a la Secretaria de desarrollo social Rosario Robles, debido al escándalo protagonizado por funcionarios de la secretaría a su cargo, en el estado de Veracruz. Una serie de audios mostraban cómo operaban funcionarios estatales y de la SEDESO local, para incidir en las elecciones locales mediante la adhesión de los beneficiaros de programas sociales al PRI.

Semanas más tarde, se supo que el PAN ya no contaba con el número de afiliados suficientes para mantener su registro como partido pero autoridades competentes y medios de comunicación hicieron caso omiso de esta aseveración, entonces expuesta por un investigador de quien se dijo era cercano al PRI.
La jornada electoral del domingo pasado, nos ofrece un panorama de la situación política, pero también de las condiciones económicas en las que viven millones de mexicanos que por necesidad son presas de la rapiña electoral que busca comprar sus votos a cambio de una despensa.

Las alianzas entre PAN y PRD, la maquinaria del PRI operando mediante la coacción del voto y un sospechoso candidato felino que invitaba a votar por él en un estado donde impera la inconformidad hacia el PRI pero con uno de los votos duros más sólidos del país, son indicadores de una clase polítca despreocupada por el acontecer nacional y preocupada por sus cotos de poder y de acceso a los recursos públicos.

Quema de casillas, el asesinato de un joven que grababa la entrega de despensas, la invalidación del PREP en Baja California, la violencia, el abstencionismo y la ingerencia de gobernadores en los procesos electorales, son la mezcla perfecta para reconocer que en nuestro país la pobreza y el hambre son botines electorales de quienes no buscan contender por el país, sino para salir de su propia pobreza despachándose con la cuchara grande de la corrupción y la impunidad.

Se habla de un acuerdo político en Baja California para que no se vea afectado el Pacto Por México y se sigan aprobando las reformas estructurales que tanto le preocupan a la estructura oligárquica y explotadora de este país, ese grupo de familias adineradas insaciables, que necesitan más y más para poder sostener esa mentira que les hace creer que quien más tiene vale más.

Entre vendedores ambulantes te veas…

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El presidente de los libros

Hace un año Peña no podía citar tres libros cuando un reportero le preguntó cuáles eran aquellos que habían marcado su vida personal y política, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El entonces candidato presidencial se convirtió en la comidilla de las redes sociales y el HT #LibreríaPeñaNieto logó mostrar la creatividad sarcástica nacional con ejercicios humorísticos de una exquisitez inmaculada.

Hoy ya es presidente de México y mientras se llevaba a cabo la ceremonia de toma de posesión, afuera del recinto se desenvolvía una batalla campal entre fuerzas del ejército que disparaban balas de goma y manifestantes que lanzaban bombas caseras a los uniformados. La escena, más que violenta se prestaba para reconocer la teatralidad de ambos escenarios. Adentro un hombre inculto tomaba el poder de un país y juraba defender al país “y si así no lo hiciere que la nación me lo demande”, decía. Los allegados, beneficiarios directos, y quizá únicos de su llegada a la presidencia, le aplaudían enardecidos como fanáticas adolescentes en concierto de Justin Bieber. Afuera, la goma y las artesanías bélicas eran la utilería de una puesta en escena muy mexicana: de bajo presupuesto.

Sin embargo, el mensaje estaba dicho desde aquel fatídico día en el que nuestro presidente dijo que la Biblia, no toda desde luego, había formado parte de sus inspiraciones literarias. Hay dos lecturas.

1.-La ingenuidad peculiar de los manifestantes, cuyo objetivo no quedó claro. Quizá no lo tenían y probablemente no importaba. Ese tipo de manifestaciones por lo regular son momentos catárticos, expiatorios, mediante los cuales el manifestante libera un sentir que de permanecer dentro puede colapsarlo. Por desgracia, y no es para menos, esta ingenuidad les costó muy cara. En México, cuando oigo que hay marchas, no puedo olvidar el caso de aquel hombre frustrado que abrió fuego en el Metro de la Ciudad de México. En su desesperación porque el país se derrumbaba, llevaba consigo una carta para Felipe Calderón y escribió consignas en las paredes de las intalaciones del transporte público en cuestión. Su coraje e impotencia nublaron su entendimiento. Lo mismo sucedió con los manifestantes afuera de la Cámara de diputados. Lamentablemente comprensible que la gente en su angustia ante el descaro de las huestes del PRI que aplauden su propia desgracia y que con soberbia dicen “holgazanes, bárbaros, vándalos, lo que hicieron los manifestantes esta mañana es un acto cobarde y fuera de una verdadera libertad de expresión. Ojalá se castigue con todo el peso de la ley a esa gente nefasta” etcétera, una de las reacciones puede ser la que vimos.

¿Qué es la violencia de unos cuantos en las calles comparada con la violencia cotidiana ue simplemente aceptamos para que las cosas sigan como están?
Cuando hablamos de violencia siempre pensamos en actos que interrumpen el flujo normal de las cosas pero ¿qué hay de la violencia que tiene que existir aquí para que las cosas funcionen en la forma en que lo hacen?
La violencia ciudadana es una reacción a una violencia mucho más fuerte que ya está aquí. Baso este comentario en un video de YouTube donde Zizek habla de terrorismo acerca de lo sucedido con Wikileaks y Julian Assange.

2.- Uno de los estandartes de la cultura, del pensamiento y la civilización humana, un logro que marcó el fin de una era y el comienzo de una nueva es la aparición del libro.  La ausencia de lectura en el ciudadano común es hasta comprensible, dado que las condiciones laborales enla actualidad, dejan poco rango de posibilidades a actividades que no tengan que ver con lo estrictamente laboral y lo más estrictamente banal en aras de olvidar, siquiera por un domingo a mediodía, la jornada de trabajo. Pero cuando hablamos de figuras públicas y en específico de aquellos que tienen a su cargo el gobierno de un país, el tema cobra una singular importancia. Ya los grigos sabían que una de las características indispensables de un gobernante era el autogobierno, es decir, la capacidad de nutrirse y desarrollarse a sí mismo de todo aquel aspirante a ocupar un puesto directivo. Leer sí es necesario para gobernar, no por el acto de leer en sí, sino porque es un indicio de las aptitudes y la idoneidad de un sujeto para poder sostenerse en el cargo que ocupa. La lectura no sólo es un hábito para el propio cultivo, sino una práctica que deben tener los gobernantes pues se supone que estos deben ser los más aptos, los mejor calificados. Incluso los priístas de a pie no cesan, no han cesado nunca, de menospreciar a las clases populares desde su manera de hablar y hasta cómo visten y se escandalizan por ejemplo, cuando un indígena asume la presidencia de Ecuador. Lo tachan de salvaje, naco, indio y mugroso. El PRI se convirtió en el partido de los licenciados, de los trajes, aunque fueran de poliéster y los trajes sastres también de poliéster que imperaron en las oficinas de gobierno durante más de 70 años. Y ese ha sido el progreso que han defendido, un progreso y una cultura tipo Ray Conniff. Como dice Astrid Hadad: “clase media de corazón”.

Una reportera dijo en aquella ocasión que para gobernar no se necesita leer, lo que ya dejaba ver el mensaje implícito tras el regreso del PRI al poder. Un elemento estará ausente en este gobierno: la cultura, la civilidad. Si el actual presidente no pudo citar tres libros y para gobernar no es necesario leer y leer es un signo de cultura, entonces el primitivismo y la barbarie serán las constantes en la actual administración; lo vimos el día 1 del gobierno de Peña Nieto y así serán los próximos seis años. Usted y yo lo sabemos, ellos lo saben. Tome sus precauciones.

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