Puta… pero no pendeja

… Y la ética de la amistad

Existe actualmente un incremento en la escalada de violencia hacia homosexuales en esta ciudad. Las recientes medidas a favor de una igualdad jurídica han despertado a ese sector de la población que hasta entonces se había mantenido en el endeble territorio de la tolerancia. Sin embargo, de un tiempo para acá, han visto cómo lo que ellos consideran de su propiedad, el matrimonio y por tanto las instituciones y en general el Estado, ha sido tomado por un grupo que no merece, según ellos, ningún tipo de reconocimiento. Ya en el Metro de la Ciudad de México se pueden observar en el llamado jotivagón, personajes poco comunes hasta antes de que sucediera lo del cierre del mismo a partir de las 10:00pm y que causó revuelo en los noticiarios de todo el país. Señoras que dicen a las parejitas “¿Saben que lo que hacen está mal..?” o señores que van leyendo muy “inocentemente” la Biblia en voz alta, como cuando después de la Marcha Gay se reúnen grupos de cristianos para orar por nuestras almas y “purificar” de algún modo el zócalo capitalino. Entre otros, estos personajes hacen lo posible por incomodar a los sí, me van a disculpar, tradicionales usuarios de este vagón en específico, gente que hizo de él, lo que los punks y demás hicieron con lo que ahora conocemos como Tianguis Cultural del Chopo. La situación es que a últimas fechas los grupos conservadores, no sé de qué porque los homosexuales (sujetos que ahora tienen ese nombre pero que antes fueron llamados de otras muchas maneras en todo tiempo y en todo lugar) existimos desde mucho tiempo antes que el cristianismo y el judaísmo, de donde el primero salió; en fin, el chiste es que estos grupúsculos ahora hacen uso de herramientas más frontales y peligrosas como antaño o quizá no tanto, o quizá no siempre.

Los crímenes de odio por homofobia aumentan, la discriminación sutil aumenta y muchas veces ésta se descara. Muchos hombres buscan ligar a otros en bares gays con el objetivo de asaltarlo, cuando no matarlos. Y es este el problema del que quiero hablar. Existe una tendencia hacia la liberalización de las prácticas sexuales que por sí misma no tiene nada de malo, si no estuviéramos inscritos en este contexto. También hay una doble moral por parte de quien lleva a cabo esta práctica pues si bien la realiza casi sin miramientos, tampoco quiere ser descubierto, en muchos casos, por sus colegas o amigos en los lugares propicios para éstas. Del otro lado, los amigos, hacen en muchas ocasiones señalamientos acerca de la actitud de sus amigos que llevan a cabo estas prácticas. Y es ahí donde estos sujetos mal intencionados aprovechan para cometer los delitos. El que liga no tiene la confianza para avisar a sus amigos porque sabe que puede haber un señalamiento y los amigos dejan en manos del que liga su suerte. Pero amistad es también compartir responsabilidades y si bien el que liga es responsable de sus actos, ante este escenario, hay que hacer un frente común para disminuir esas posibilidades de delito lo más que se pueda. En la amistad también hay ética y es necesario, justo ahora, que nos apoyemos en este terreno para prevenir posibles lamentaciones.

¿No ligar, salir con miedo? Eso sería como quien dice que no aprende a nadar por miedo a ahogarse, forma segura para prevenir un accidente pero las pulsiones que llevan a millones a cometer ese acto de abandono al placer pueden ser muchas y quizá lo que deberíamos atender son precisamente esos motivos que llevan a un homosexual a ver en el sexo desmedido una salida, quizá un refugio o incluso una postura política; no sabemos y es una tarea que hay que realizar pero mientras eso sucede, ya que llevará mucho tiempo que rinda frutos o siquiera poner en la mesa de discusión ese tema, hay que ayudarnos. No podemos ni tenemos el derecho a juzgar, en última instancia, el proceder de los otros; más bien tendríamos que profundizar nuestros debates y ofrecer opiniones más serias y cultas (no en sentido elitista, sino cognitivo). Es peor negar el problema o pensar que podemos lograr erradicar esas “conductas”. Yo diría que se trata, antes bien, de ofrecer respuestas ante los panoramas que se vislumbran a la luz de los hechos.

Desde luego este comentario va enfocado a liberarnos de esa doble moral que posibilita crímenes en nuestra contra. La solidaridad es una buena arma en esta lucha que se está librando desde hace siglos y a la que aún le faltan otros tantos más para dirimirse. Mas en nuestro aquí y en nuestro ahora, esa unión llamada amistad puede contribuir de manera impresionante a evitar actos delictivos.

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