San lunes, no le saque

Antes que otra cosa quisiera decir algo, hay que aceptar la brutalidad de nuestra sociedad, de lo que es capaz de hacer, y tratar de convivir con ello, no negarlo ni tratar de remediarlo de manera inmediata.  Hay un concepto en sociología y antropología que se llama entropía que no es sino la suma de efectos, como cuando se juega a tirar fichas de dominó. Entropía es una suerte de inercia. Esto significa que lo que vemos no es un signo de la descomposicón social, es decir, una tergiversación del proyecto de sociedad; lo que vemos en un paso más de acuerdo a su lógica, lo que vemos es un sentimiento de época, una idea de autodestrucción, quizá regenerativa, pero sin duda, una aceptación  inconsciente de que esto ya no puede seguir así. Lo que vemos en un síntoma del hartazgo, un anhelo porque todo se acabe de una vez y para siempre. Las crisis actuales no tendríamos que verlas con ojos de resignación, sino con ojos fortaleza y reconocer que ante ello, nuestra preocupación debe sembrar una semilla que florezca no en lo inmediato; nuestra flor es de largo alcance, un proyecto a largo plazo.  Hay cosas que nos rebasan, que no están directamente en  nuestras manos y ante los problemas hay que mirar hacia adentro y buscar cómo podríamos hacer para contribuir. Los sujetos somos pequeñitos pero esta sociedad ególatra nos ha dicho que somos poderosos porque somos individuos y no es cierto, la verdad es que con poquito, como chiquitos que somos, CONTRIBUIMOS MUCHO.

Las distintas crisis no son el problema, sino una manifestación de él; son sus síntomas. Aquí el punto es dónde queremos centrar nuestros esfuerzos.

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