¿Qué es la homofobia?

 

La definición del diccionario de la RAE nos dice que se trata de la aversión obsesiva hacia las personas homosexuales, lo que quiere decir que hay algo en ella que tiene que ver directamente con algún transtorno psicológico que padece aquel que no puede convivir con personas homosexuales. Este tipo de padecimientos, la obsesión, se presenta como una perturbación anímica producida por una idea fija, que no es sino una reacción, una válvula de escape, de algo que está escondido dentro de la persona y que sale, se desplaza, a través de la homofobia. Se trata de un asalto a la mente, un secuestro a la tranquilidad.

Por otro lado, la homofobia también es considerada una reacción propia de quienes tienen frente a sí mismos un cuadro poco usual para los hombres, que se ven desarmados cuando otro hombre trata de seducirlos. El  miedo radica en que es un par quien se da a la tarea de la seducción, rompiendo toda normatividad acerca del cortejo, que dicta que es el hombre quien debe conquistar a la mujer. El cazador, se vuelve presa. De la mano viene otra concepción, en la que la homofobia es considerada la renuencia de un hombre, seguramente machista, a encontrarse en la situación en que él mismo ha puesto a tantas mujeres cuando les lanza piropos, por ejemplo. Aquí, el homofóbico no soporta la idea de ser él quien se encuentre ahora en circunstancias similares a las que se encuentra una mujer cuando éste trata de seducirla contra su voluntad. Desarmado, el homofóbico se reconoce vulnerable y reacciona, entonces, violento.

Pero también existen mujeres homofóbicas, quienes al momento de esgrimir una acción de homofobia, están reconociendo de facto la inferioridad de un homosexual frente a un varón heterosexual que es superior. Entonces, la mujer homofóbica se discrimina a ella misma, pues los valores que sirven para discriminar a un homosexual, han sido los mismos que se han utilizado para aludir a una presunta inferioridad de la mujer ante el hombre: delicadeza, fragilidad, etc., aunque ni homosexuales ni mujeres posean tales características por el simple hecho de serlo. Una mujer homofóbica se discrimina a ella misma, acepta su propia inferioridad.

Desde muchos ángulos la homofobia es un padecimiento, una desdicha, que sufren aquellos que no pueden aceptar la diferencia, la ambigüedad. Para ellos, la vida debe ser monolítica, unívoca, homogénea. Este tipo de pensamiento lo encontramos también en posturas políticas conservadoras, que no soportan la idea de cambio, transformación. Buscan que las cosas se mantengan como están y frenan cualquier signo de desarrollo o señal que implique algún tipo de variación,  como si la vida y la historia fueran estáticas, inmóviles. Niegan los principios básicos del mundo: alzamiento, rebelión; en fin, movimiento.

La homofobia es también un síntoma. Basta conocer un poco el perfil del homofóbico para saber que no es sólo odio o miedo lo que siente, sin que es el resultado de una serie de principios y valores que están inscritos en la propia cultura de Occidente moderno. La homofobia es sólo la focalización de un problema más complejo y más profundo. La homofobia no es el punto de origen, es tal vez sólo un punto de quiebre, de inflexión. En ese sentido no se trata de cuestionar la homofobia, sino la cultura que la hace posible. Mas sobre la pregunta ¿qué hacer con la homofobia, cómo atacarla? Tal vez sería conveniente, en lugar de tratar de educar a la ignorancia, brindar herramientas de defensa a los agraviados; es decir, dejar a un lado el paternalismo que supone que el discriminado es, en efecto, incapaz de defenderse. Muchas fracciones del activismo gay hoy en día son más discriminatorias al momento de querer esconder, en una especie de apartheid proteccionista para homosexuales, a aquellos que son segregados. Mientras exista un activismo proteccionista, no habrá una verdadera lucha contra la homofobia.

Es una pena que en pleno siglo XXI aún veamos esas manifestaciones de desprecio a la vitalidad del mundo y de la humanidad. Pero quizá pronto recordemos ésta con la burla con que miramos a aquellos que creían que la Tierra era plana y el centro del universo y del sistema solar. Porque la homofobia es miedo a la otredad, a lo diferente. Es suponer que es mejor el desierto estéril, a la selva pletórica de savia.

Puta… pero no pendeja

… Y la ética de la amistad

Existe actualmente un incremento en la escalada de violencia hacia homosexuales en esta ciudad. Las recientes medidas a favor de una igualdad jurídica han despertado a ese sector de la población que hasta entonces se había mantenido en el endeble territorio de la tolerancia. Sin embargo, de un tiempo para acá, han visto cómo lo que ellos consideran de su propiedad, el matrimonio y por tanto las instituciones y en general el Estado, ha sido tomado por un grupo que no merece, según ellos, ningún tipo de reconocimiento. Ya en el Metro de la Ciudad de México se pueden observar en el llamado jotivagón, personajes poco comunes hasta antes de que sucediera lo del cierre del mismo a partir de las 10:00pm y que causó revuelo en los noticiarios de todo el país. Señoras que dicen a las parejitas “¿Saben que lo que hacen está mal..?” o señores que van leyendo muy “inocentemente” la Biblia en voz alta, como cuando después de la Marcha Gay se reúnen grupos de cristianos para orar por nuestras almas y “purificar” de algún modo el zócalo capitalino. Entre otros, estos personajes hacen lo posible por incomodar a los sí, me van a disculpar, tradicionales usuarios de este vagón en específico, gente que hizo de él, lo que los punks y demás hicieron con lo que ahora conocemos como Tianguis Cultural del Chopo. La situación es que a últimas fechas los grupos conservadores, no sé de qué porque los homosexuales (sujetos que ahora tienen ese nombre pero que antes fueron llamados de otras muchas maneras en todo tiempo y en todo lugar) existimos desde mucho tiempo antes que el cristianismo y el judaísmo, de donde el primero salió; en fin, el chiste es que estos grupúsculos ahora hacen uso de herramientas más frontales y peligrosas como antaño o quizá no tanto, o quizá no siempre.

Los crímenes de odio por homofobia aumentan, la discriminación sutil aumenta y muchas veces ésta se descara. Muchos hombres buscan ligar a otros en bares gays con el objetivo de asaltarlo, cuando no matarlos. Y es este el problema del que quiero hablar. Existe una tendencia hacia la liberalización de las prácticas sexuales que por sí misma no tiene nada de malo, si no estuviéramos inscritos en este contexto. También hay una doble moral por parte de quien lleva a cabo esta práctica pues si bien la realiza casi sin miramientos, tampoco quiere ser descubierto, en muchos casos, por sus colegas o amigos en los lugares propicios para éstas. Del otro lado, los amigos, hacen en muchas ocasiones señalamientos acerca de la actitud de sus amigos que llevan a cabo estas prácticas. Y es ahí donde estos sujetos mal intencionados aprovechan para cometer los delitos. El que liga no tiene la confianza para avisar a sus amigos porque sabe que puede haber un señalamiento y los amigos dejan en manos del que liga su suerte. Pero amistad es también compartir responsabilidades y si bien el que liga es responsable de sus actos, ante este escenario, hay que hacer un frente común para disminuir esas posibilidades de delito lo más que se pueda. En la amistad también hay ética y es necesario, justo ahora, que nos apoyemos en este terreno para prevenir posibles lamentaciones.

¿No ligar, salir con miedo? Eso sería como quien dice que no aprende a nadar por miedo a ahogarse, forma segura para prevenir un accidente pero las pulsiones que llevan a millones a cometer ese acto de abandono al placer pueden ser muchas y quizá lo que deberíamos atender son precisamente esos motivos que llevan a un homosexual a ver en el sexo desmedido una salida, quizá un refugio o incluso una postura política; no sabemos y es una tarea que hay que realizar pero mientras eso sucede, ya que llevará mucho tiempo que rinda frutos o siquiera poner en la mesa de discusión ese tema, hay que ayudarnos. No podemos ni tenemos el derecho a juzgar, en última instancia, el proceder de los otros; más bien tendríamos que profundizar nuestros debates y ofrecer opiniones más serias y cultas (no en sentido elitista, sino cognitivo). Es peor negar el problema o pensar que podemos lograr erradicar esas “conductas”. Yo diría que se trata, antes bien, de ofrecer respuestas ante los panoramas que se vislumbran a la luz de los hechos.

Desde luego este comentario va enfocado a liberarnos de esa doble moral que posibilita crímenes en nuestra contra. La solidaridad es una buena arma en esta lucha que se está librando desde hace siglos y a la que aún le faltan otros tantos más para dirimirse. Mas en nuestro aquí y en nuestro ahora, esa unión llamada amistad puede contribuir de manera impresionante a evitar actos delictivos.