Carmen Aristegui, por si fuera poco

El domingo cerró con una noticia que alarmó a la gente que es seguidora de noticiarios críticos, periodistas que hacen lo que pueden en un marco muy acotado y que impide el ejercicio pleno de toda actividad que implique el acto de pensar, de remover conciencias o no aceptar de manera irrestricta, los argumentos-propaganda de un gobierno que se ha obstinado en disfrazar de loable lucha nacional, rencillas particulares con poderes ilícitos, además de amedrentar, reprimir y mofarse de las recriminaciones que como a ningún otro presidente, han caído sobre él, en voz de personajes tan distintos entre sí pero que reconocen, no en la figura, sino en quien la ocupa, un presidente tibio, débil y poco sincero. Nadie puede olvidar a ese joven de excelencia académica que hace algunos años le lanzó un grito a Calderón a la voz de “espurio” y tampoco la mente puede olvidar a la madre que con la voz quebrada le exigía justicia, toda vez de preguntarle al interpelado si conocía cuál era el significado de esa palabra apropósito de lo ocurrido en la guardería ABC. Lo cierto es que el presidente ha rehuido a la confrontación y ha preferido escudarse en anuncios pagados en TV y muy evidentes concesiones televisivas en espacios noticiosos de gran audiencia.

Pero nadie puede tapar el Sol con un dedo. No se necesita ser un experto para darse cuenta de que la gestión de este presidente ha sido la que más ha golpeado a la población mexicana que no goza de formar parte del 1% que es dueña del PIB. Y exageré con mi porcentaje… son menos. Millones de jóvenes orillados a sobrevivir en las condiciones más inhumanas que provee el crimen organizado ilegal, que los utiliza como carne de cañón, pañuelos desechables, bestias de carga y gallos desnutridos de pelea. Millones de jóvenes que ven en la economía formal un lastre innecesario que los hace tomar la decisión de no estudiar ni trabajar en el sector formal. A esto hay que agregarle la escalada de violación a los trabajadores mexicanos que como quiera que fueren, no merecieron ser despojados de sus fuentes de empleo y menos bajo los argumentos que esgrimió tu presidencia. Tú eres más caro que muchos de ellos y los resultados que ofreces son un saldo negativo para el país.

Una ley que pretende aniquilar el carácter público y nacional de la cultura y la educación para que sean fuente de enriquecimiento ilícito de poco y la disminución intelectual de millones y millones no es cosa que sea fácil de soslayar. Y que le faltes el respeto a todos y cada uno de los artículos consagrados en nuestra Constitución Política, no te deja bien librado en temas religiosos, de soberanía y libertad de expresión. No es casualidad que México sea el segundo país más peligroso para ejercer el periodismo y eso porque los periodistas cuentan con los instrumentos para medir estas cifras, pero qué me dices de intelectuales y artistas, estudiantes y profesionales que son asesinados en “accidentes” y otros lamentables sucesos.

Y de 2006 ni hablamos porque pese a las pruebas en tu contra ya estás ahí y ante eso parece ser que poco se puede hacer. Pero el poder ciudadano ya no es como hace 20 años, cuando bastaba con un mensaje presidencial para acallar mil voces; ya no estamos, para tu desgracia, en la época en que la represión hostil era el pan de cada día y pese a los intentos de los tuyos por embrutecer a la población, no bastan teletones, academias, ni telenovelas para vendar, diría arrancarle ojos y oídos a la población mexicana.

Pero por si fuera poco, estás enfermo y no puedes, como adicto que eres, conllevar más tu adicción. Nosotros no tendríamos nada contra tu gusto por beber, es más, muchos aquí bebemos también, pero nosotros no tenemos a nuestro cargo un país, de nosotros no depende el destino de un pueblo. Tu alcoholismo es la cereza del pastel que tú mismo has horneado. A nadie le importaría tu alcoholismo si tu gestión opacara ese detalle con acciones dignas del país que encabezas en el puesto que ocupas. Pero para una población golpeada por tus actos, la develación de tu alcoholismo es el tiro de gracia que necesitaban asestarte para terminar de una vez por todas, deslegitimándote en todos los aspectos de tu humanidad, es decir, en tu labor y ahora, por si fuera poco, en tu persona.

Con todo cariño,

A Carmen Aristegui.