La discriminación en el asombro, el caso de los niños triquis

Lleva varias semanas circulando la sorprendente noticia de que unos niños triquis obtuvieron el campeonato infantil de basquetbol en Argentina; los medios han realizado coberturas de todo tipo al respecto y nos han mostrado en todos los noticiarios las condiciones marginales en las que viven, haciendo énfasis en la pobreza que sufren. Hablan, además, de las exigencias escolares que se necesitan para formar parte del equipo de básquet, pero no hablan ni de los trabajos de los padres o qué comen los niños cuando van a la escuela; mucho menos muestran, como era de esperarse, las escuelas donde estudian, porque tal vez sería manchar la imagen de la nota y de paso darle un punto a los disidentes de la “reforma educativa”.

Entrevistas con todos los niños con preguntas como “qué te gustaría ser de grande” o “quién es el que más anota” o solicitudes de demostración de los talentos, los medios nos han propinado una visión íntima de estos niños, pero como si se tratara de un descubrimiento inaudito, es decir, como si ahí donde no se esperaría encontrar algo, se hallara un tesoro. ¿Cómo es que unos niños indígenas que juegan descalzos pueden ser campeones del mundo? ¿Hay que ser campeón del mundo en un deporte para tener un lugar y un valor? Benito Juárez debe estar muy contento de “ver cómo esos niños salen adelante”.

En un programa que transmitió Canal 11, a propósito de esta hazaña, que mereció el nombramiento de programa ¡especial!, Javier Solórzano destacó, cuando entrevistó a las niñas, que a la edad en que participan en el equipo, según sus usos y costumbres ya deberían estar casadas; les preguntó si querían casarse a esa edad y todas, a una voz, dijeron que no. Los niños se divierten y les responden a los reporteros lo que quieren oír. Van de uno en uno preguntando lo mismo: “qué quieres ser de grande”, y todos responden lo mismo pero sin mucha preocupación: quieren ser jugadores de basquetbol. Las niñas muestran una variedad de expectativas y mencionan querer dedicarse a profesiones como profesora, enfermera, socióloga, psicóloga o pediatra, entre otras.

Solórzano preguntó a uno de los niños por qué creía que había tanto revuelo en torno al campeonato y uno de ellos le respondió, tranquilo y tajante, que la reacción fue tal, debido a que se trata de indígenas, que es de quienes no se espera nada, una acción y mucho menos el éxito. El niño pudo reconocer en ese momento, que detrás de esta excepcional cobertura, se esconde una violencia simbólica de gran calado, violencia propia de Occidente. El mundo civilizado sorprendido de las maravillas que pueden encontrarse aún hoy, después de siglos de devastación, en ese mundo salvaje, que no vive dentro de las bondades del Wi-Fi y los teléfonos inteligentes. 

Sorpresa y gusto por ver a quienes viven en la marginalidad, tratando de ganarse un lugar en el mundo de las libertades, que es, además, la única posibilidad que tendrían de ocupar un lugar en los medios, pues su cotidianidad rural, nunca sería noticia. En ese sentido, entonces el asombro no es porque sean buenos en algo, sino porque son buenos en una actividad que pertenece a la vida moderna y que jamás se pensaría podrían desempeñar, mucho menos de esa manera, unos indios descalzos. 

Así como el altruismo es un especie de paternalismo que impide el desarrollo del beneficiario, así como el asistencialismo ha sido el estandarte oficial en cuanto a políticas públicas dirigidas a las comunidades originarias, esta concepción mediática del asombro es un ejercicio que demuestra la comprensión de ese otro diferente como un otro inferior del que es preciso soprenderse cuando logra algo, porque bajo condiciones normales, están condenados al olvido y a la marginalidad. Desarrolismo aplicado a unos niños triquis, del que no se reprocha el esfuerzo y en efecto no se demerita el triunfo, sino lo que acarrea la manera de abordarlo. Parece que el mensaje del desarrollista del siglo XIX, con todo lo que ello implica, parece ser, en este siglo XIX, un fantasma, un fantasma que recorre Oaxaca.