San lunes, día del albur

Y qué creían, ¿que sólo la bandera, Benito Juárez y las borracheras del presidente son acontecimientos nacionales? No, damas y caballeros, motivo de orgullo y fiesta nacional es sin duda el albur mexicano, forma de humor única en su género y antesala del pecado, es algo así como la medición del agua a los camotes, tamales o según sea su gusto, tal vez ese acto de “peinar la zona” y por qué no decirlo una forma muy sutil de declarar el amor al prójimo, ni más ni menos que ¡principio básico de La Biblia!

Una muestra del ingenio y la pericia para no perder… El albur es una mezcla entre esgrima, hoyo en uno y tiro al blanco. Su invitado de honor es su majestad, el chile, pimientización de la más pura virilidad en su más erguida expresión. Por ahí dicen que cada 16 de septiembre a más de dos en el balcón presidencial les tiemblan las piernas de ver ante ellos miles de evocaciones a la rigidez masculina coloreada precisamente de chile verde. Hay sargentos, capitanes y comandantes, de esa parte sublime, de adelante… Única virtud de nuestras fuerzas armadas; que no hablen, mejor que marchen.

Y siguiendo a tono con el fruto picante, qué decir del mexicano, a quien no le bastan las desgracias propias para reír y lo hace, para relajar los ánimos, de las ajenas, como en el caso del sismo ocurrido en una nación sudamericana el año pasado y al que la maestría alburera nombró como “la sacudida de Chile”.  El albur es un excelente remedio contra el estrés y por si fuera poco, tiene la propiedad de mantener alerta al sujeto toda vez que lo que está en riesgo no es la virginidad, sino el posible gusto por perderla.

Así que felicidades, no beba mucho, no vaya a ser que entre copas y albures le pase lo que a los compadres y le agarre el gusto…

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