San lunes, no le saque

Antes que otra cosa quisiera decir algo, hay que aceptar la brutalidad de nuestra sociedad, de lo que es capaz de hacer, y tratar de convivir con ello, no negarlo ni tratar de remediarlo de manera inmediata.  Hay un concepto en sociología y antropología que se llama entropía que no es sino la suma de efectos, como cuando se juega a tirar fichas de dominó. Entropía es una suerte de inercia. Esto significa que lo que vemos no es un signo de la descomposicón social, es decir, una tergiversación del proyecto de sociedad; lo que vemos en un paso más de acuerdo a su lógica, lo que vemos es un sentimiento de época, una idea de autodestrucción, quizá regenerativa, pero sin duda, una aceptación  inconsciente de que esto ya no puede seguir así. Lo que vemos en un síntoma del hartazgo, un anhelo porque todo se acabe de una vez y para siempre. Las crisis actuales no tendríamos que verlas con ojos de resignación, sino con ojos fortaleza y reconocer que ante ello, nuestra preocupación debe sembrar una semilla que florezca no en lo inmediato; nuestra flor es de largo alcance, un proyecto a largo plazo.  Hay cosas que nos rebasan, que no están directamente en  nuestras manos y ante los problemas hay que mirar hacia adentro y buscar cómo podríamos hacer para contribuir. Los sujetos somos pequeñitos pero esta sociedad ególatra nos ha dicho que somos poderosos porque somos individuos y no es cierto, la verdad es que con poquito, como chiquitos que somos, CONTRIBUIMOS MUCHO.

Las distintas crisis no son el problema, sino una manifestación de él; son sus síntomas. Aquí el punto es dónde queremos centrar nuestros esfuerzos.

San lunes, cal y arena

Sin tratar de aludir a la reconocida y respetable editorial que tuvo el atino de bautizarse aludiendo al famoso refrán que habla acerca de la revancha o como dicen en mi pueblo, “una por otra”, este lunes desperté muy entusiasta porque parecía ser otro lunes como cualquier otro, es decir, de quesadillas con champiñones, un huarache con quesillo extra  y mi Bailey´s “bien frío” pero algo me cambió el panorama. Resulta que me enteré de la gravedad de la salud de un padrecito que me cae muy bien porque como otros, apostó desde su agostada trinchera clerical, defender un punto: la dignidad humana expresada en la existencia legítima que tienen los pueblos originarios de estas tierra y su derecho indiscutible e inalienable  a la vida. Me gusta que los sacerdotes católicos sean subversivos. En realidad, me gusta la insumisión en cualquiera de sus manifestaciones pero en el caso particular de don Samuel, el mérito es hacerlo desde el interior de una doctrina que a lo largo de los siglos no ha sido fiel a las enseñanzas de su deidad, por lo menos no quienes tienen el “poder” de dictar lo que a sus ojos es adecuado. No podría juzgarlos pues ellos cumplen cabalmente su papel, a grado tal que pérdidas como la de don Samuel diezman porque en el imaginario colectivo hay cierto temor de no poder continuar la labor aunque al final no queda de otra y hay que seguir marchando. La historia es una carrera de relevos. No sea instinto de conservación pero algo, en las peores condiciones, nos orilla a empuñar las manos y tragar una bocanada de aire para gritar que no somos tan fáciles de socavar.

Hay ciertas creencias que también me gustan. Algunas son prehispánicas, y he de confersarlo, también hay algo del cristianismo que me gusta tan sólo por el hecho de que a sus filas se adscribieron hombres y mujeres como Juana de Asbaje, Ignacio Ellacuría y Samuel Ruiz. Yo no puedo ni podría jamás ponen en duda la fe de nadie pues no es mi deber como sujeto enjuiciar al otro; lo mío es levantar la voz ante la tergiversación que tiene como objetivo dañar a eso que algunos llaman el espíritu humano. Dentro de estas creencias que respeto aunque no comparta se encuentran por ejemplo la idea cristiana del paraiso como premio a los seres que en vida material ofrendaron su vida al servicio y procuraron su tiempo a la defensa no de derechos humanos sino de riqueza inmaterial. Otras que sí comparto hablan acerca de la inmortalidad del alma y la transformación de la vida gracias a la necesaria muerte del cuerpo. Me gusta pensar que los cuerpos nutren la tierra y los espíritus liberados se derraman sobre el mundo o que vuelan por los aires. Quizá algún viento traiga consigo la caricia y el abrazo necesario para los que aquí andamos, de ellos a quienes ya concluyeron su labor. Toca a los vivos aquí, tomar un poco de esa energía para alimentar el ahínco y no claudicar. Los guerreros nunca mueren, lo saben los aztecas. Tal vez Samuel sabía que podía hacer más por su causa en el terreno espiritual y ofrendó su cuerpo para extender su ser. No dudo que así suceda con aquellas personas a las que les arrebataron de un golpe la vida física.

¿De qué estará hecha la mezquindad? No importa; sólo quise hacer la pregunta porque aún me cuesta trabajo que sabiendo lo minúsculos que somos en el universo, no aceptemos con humildad que la tiranía contra que se alzó por ejemplo Samuel, el cosmos la ve como un mal chiste. Inexplicable sí, ¿inagotable? también. Somos seres duales y a la anterior noción de la historia, debemos sumar la de que es desequilibrada. El punto medio acabaría con la vida porque la quietud significa falta de movimiento, cese de procesos. Si las plantas y animales sólo muriéramos y ya, la vida hubiera acabado hace millones de años.

Claro que es triste la pérdida de gente como la que últimamente se nos ha ido, como Monsi, Saramago, Benedetti, Mercedes Sosa, Montemayor y tantos más, pero eso no significa que los enemigos del mundo comiencen a cantar victoria. Aquí hay mucha gente que veremos en breve surgir porque justo cuando creemos estar a punto de ahogarnos, surgen esos personajes que son  resultado de un ejercicio de supervivencia humana… Esto no se termina hasta que se termina y entregada la estafeta a muchos, los que se fueron continúan siendo parte de esas huestes libertarias. El Vaticano estará de fiesta pero nuestro luto no es derrotista, sino entusiasta.

La historia no se crea ni se destruye, sólo se transforma… También sus combatientes…