Homosexualidad infantil

Hace unos días asistí a un programa de radio, Dulces sueños, conducido por Jessica Díaz de León. El tema fue la homosexualidad en la infancia y la primera pregunta que nos lanzó, fue si el homosexual nace o se hace. Yo respondí que afortunadamente no hay nada escrito, en términos quizá metafísicos, como si se pudiera definir de manera contundente si nacemos homosexuales, nos convertimos o quizá sólo creemos que lo somos. Y es que me preocupa un poco aquello del deber ser, del “es así” o “no es así”. Me parece que esas categorías nos han causado muchos problemas.  Justo leía el nacimiento de la locura en la época clásica, de Michel Foucault, quien al respecto mencionaba, que la locura como enfermedad y como delito, porque también lo era, nació a comienzos del siglo XIX. Luego, si leemos a Kant, nos encontraremos que la noción actual del hombre es el siglo XVIII y Lacan dirá, en el siglo XX que la mujer no existe.

El asunto aquí es que el homosexual, definido por las prácticas médica y jurídica es una invención para reconocer en un sujeto aquellas características que en los albores de la sociedad moderna tenían que ser controladas, medibles y cognoscibles para gradar los niveles de normalidad funcional del sujeto, su productividad. De tal modo, creo que deberíamos considerar a ese sujeto, con esa característica que hoy llamamos homosexual pero que no es sólo eso ni más que eso, desde otra perspectiva. Cabría preguntarnos sobre por qué preguntamos si se nace o se hace homosexual. E incluso podríamos preguntarnos para qué queremos saber si se nace o se hace. Debemos recordar que todo conocimiento, desde la Ilustración, es una manera de ejercer dominio. Así las ciencias duras, así nacieron las ciencias sociales y las humanidades, aunque hoy, afortunadamente contamos con corrientes críticas de su genealogía y su quehacer.

También es cierto que muchos de los estudios que se realizan desde saberes como la psicología y la sexología, de los que tengo mis reservas, tienen como finalidad a desmitificar a la homosexualidad como una perversión, desviación de la conducta y mostrarla como una variante más de la sexualidad humana y es ahí donde está mi duda: ¿por qué hablar de la genitalidad? Desde el comienzo de la sociedad moderna la homosexualidad ha sido algo que tiene que confesarse, algo que tiene que nombrarse y ser estudiado, analizado, para saber cómo guiarla, marcarle un camino. Antes había que someterla a una vigilancia extrema a partir de la posibilidad de su desviación en términos de productividad y de acuerdo a la moral burguesa que heredó de la Edad Media las prohibiciones para mantener una forzada cohesión social. Ahora es a la inversa; se busca hablar de homosexualidad para marcarle un nuevo rumbo: la libertad del liberalismo; sin embargo, una libertad acotada de acuerdo a los lineamientos del individualismo y no de la persona en relación con su sociedad, como si el ideal fuera el encierro del yo en sí mismo y lo social pasara al terreno de la irremediable relación incómoda.

Es cierto que nadie tendría que decirnos, y menos a los homosexuales, o a nadie pues, qué hacer y qué no hacer con respecto a nuestra genitalidad o quizá no de ese modo, pero así fue como, por así decirlo, Occidente aprendió a hacer las cosas a partir de la Ilustración y su ansiedad por la razón. Todo de forma autónoma y separada. Podríamos decir que Occidente hizo con el hombre, lo que con el criminal y el loco: encerrar a cada una de sus partes por separado, en el panóptico del cuerpo.

Ahora bien, para contribuir a erradicar, o por lo menos tratar de contribuir a tal efecto, para ayudar a que la homosexualidad deje de ser considerada una desviación, producto de violaciones en la infancia o una perversión urbano burguesa, como dicen aún hoy algunos stalinistas trasnochados, es necesario hoy más que nunca hacer constar, evidenciar que estas características homosensoriales, digamos así a lo que no es sexual ni erótico en el sentido libidinal y carnal del término, no visibilizar, sino mostrar y demostrar que eso que llamamos homosexualidad se puede presentar desde la infancia tal vez para desestigmatizar la cuestión homosexual en la infancia o en la adultez. Ya existen, cada vez más estudios al respecto y por un lado está bien, digamos, para lograr ese cometido. Muchos niños de hoy, en las primarias hablan de manera franca y desentendida acerca de la orientación sexual de sus compañeros como algo de lo más natural. El problema no está en los niños, sino en su acercamiento, conforme crecen, a la cultura y las definiciones, a las nomenclaturas. Y es precisamente en este momento cuando las cargas simbólicas no de un nombre, ya sea homosexual o gay, pesan más sobre ese sujeto que está construyendo para sí una concepción del mundo.

Hay una tarea muy fuerte que deben llevar a cabo los padres, y hablar sobre sexualidad con un infante quizá sea muy fácil en ese momento; sin embargo, también tienen que brindarles las herramientas necesarias para que estos, los más jóvenes, se enfrenten al mundo y sus avatares. De niño es fácil, tal vez, asimilar la homosexualidad propia o ajena; no obstante, las clasificaciones, deber ser y estereotipos de ser homosexual en tal o cual sociedad sean los difíciles de procesar y aceptar. Para ello propuse en el programa sensibilizar a los niños acercándolos al arte.

Creo que la sexualidad es un tema muy complejo, muy amplio, al que le debemos, cómo decirlo, preparar el terreno; es como cuando quieres sembrar una semilla y tienes que preparar la tierra, rascarla, pues será más efectivo sembrar cuando la tierra está arada que cuando está llana. Lo mismo pasa con la educación. Para hablar de algún tema complejo siempre, creo, será más fácil comprenderlo cuando cuentas con instrumentos que te ayuden a asimilarlo. El arte puede aportarte muchas cosas, mucho a la imaginación, a tener una visión mucho más amplia de ti y tu mundo y es por eso que para acercarnos a temas como la sexualidad hay que estar primero cerca de aquello que nos pueda sensibilizar acerca de la otredad, de la complejidad.

Además, y esto no lo dije, creo que los padres tendrían que comenzar a quererse un poco más, para querer lo que está fuera en el mundo, dejar de temerle. No querer ir más allá de uno mismo, de nuestras propias narices, no imaginar que existe más que lo que hemos visto o escuchado habla de un profundo temor a lo otro lejano, ajeno, y no comprendemos que ese otro, eso otro, nos puede decir más de nosotros mismos que uno mismo.  Por tanto, no querer asomarnos al mundo puede significar que en realidad no queremos asomarnos a nosotros mismos. Quizá sea que no-nos-queremos.

Además, y dicho sea de paso, leer también es un arma muy valiosa, más en este país, quizá hoy más que nunca.

Este texto fue creado no para círculos académico aunque tratando de conservar rigurosidad pero escrito de manera tal que pueda ser leído por otros públicos.

Carlos López López

Socioanalista.

Anuncios

Voto, aunque sea de joto

Hace algunos meses, doña Carmen Salinas, durante un acto político en favor de Miguel Ángel Mancera, mencionó, con el jacarandoso tono que la caracteriza, la frase que da nombre a esta entrada y que a propósito de la asistencia de esta señora en la marcha del orgullo lgbt de la Ciudad de México, ha causado revuelo entre algunos activistas, mencionando que el comité organizador de susodicha marcha es incongruente al invitar a una figura pública que expresó abiertamente su homofobia.

Lo cierto es que la frase no tiene, desde ninguna lectura seria, docta y analítica, carga alguna de homofobia. Se trata de un chiste, una alegoría de la realidad que no porque no se diga dejará de estar presente en eso que llamamos imaginario colectivo. El chiste es una representación, un simbolismo disfrazado de la realidad que utiliza una metáfora cínica para que mediante la risa como respuesta, se signe la veracidad de lo que intenta expresar. En este sentido, Doña Carmelita Salinas lo único que hizo fue ser vocera involuntaria de los susurros que rondan por los vientos de una sociedad machista que no ha dejado de serlo, sino que parece ser que al contrario, consolida sus cimientos pese a las acciones, en ocasiones disparatadas, de los defensores de derechos humanos.

Y es que el problema no es que una figura pública se exprese de tal o cual manera, sino de hacia dónde dirigimos nuestras acciones como preocupados por lo que acontece al día en nuestras sociedades. Los defensores de derechos humanos, activistas LGBT e intelectuales parecen no ponerse de acuerdo, para variar, en cuáles son los problemas más importantes acerca del segmento de la población en particular. A este respecto habría que preguntarse qué es más importante para las acciones que toman quienes tienen la oportunidad de servir.

De manera muy humilde me parece más preocupante la escalada de homofobia que se vive a diario en el último vagón del Metro, que después de la sacada del clóset que le propinó Marcelo, cuenta con nuevos inquilinos y visitantes que entre el morbo y la curiosidad viajan ahí, mirando a los que durante años han hecho de ese vagón, una especie de tianguis del Chopo en movimiento, un espacio público resignificado y apropiado por un sector particular. No sólo viajan, ahora, curiosos, sino también hombres que leen la Biblia en voz alta, parejas de heterosexuales que se mofan de las locas maquilladas, lacias y planchadísimas, hombres rudos, solos o en grupos, que cuando los miras te quieren golpear o están esperando que alguien los vea para decir “pinche puto”.

Y si a esto le sumamos los crímenes de odio por homofobia que una no planificada legalización del matrimonio entre homosexuales ha desatado no sólo en la capital, sino a lo largo y ancho del país, ensombrecida por la guerra anti narco del gobierno federal, entonces podríamos reconocer cuáles son los problemas reales a los que se enfrenta la parte de la población mexicana que se cobija bajo las siglas LGBTTTI.

¿Qué será más importante, qué requiere nuestra atención urgente? ¿Es más homofóbico el comentario de una actriz cuya acidez es reconocida e incluso parte de su talento que los escenarios REALES de homofobia que vivimos en esta, la Gran Ciudad? ¿Qué clase de moral activista podría considerar más necesaria una disculpa pública y un señalamiento a la marcha por invitar a Doña Carmelita que ponerse a trabajar en lo quizá es más laborioso, menos escandaloso, pero sin duda más serio y necesario?

Además, habría que preguntarnos sobre la representatividad de quienes osan llamarse activistas o defensores de derechos humanos, mismos que elevaron las campanas al vuelo cuando el DF legalizó las uniones civiles entre personas del mismo sexo, juridización de las relaciones sociales que no ha tenido el eco esperado, y quizá no lo tenga; mismos que pidieron la cabeza de Mancera y Carmelita. ¡Quién les dijo que son representantes! ¿Basta con tener una columna por aquí y aparecer una vez al año en un noticiario para reclamar esa representatividad?

Ya están como los organizadores de la marcha del 2 de junio, quienes piden cargos diciendo que los asistentes son “su gente” que ellos los mueven, como si los LGBTTTI fuéramos un grupo de comerciantes ambulantes, un sindicato o de plano la CTM de la diversidad sexual.

La resaca.

Por ahí me enteré que el susodicho es defensor de Peña Nieto. Le preguntaré sobre tres libros que hayan marcado su vida intelectual.

Hermenéutica desenfadada del placer en movimiento

Son las cinco y media de la mañana y parece que el Sol no saldrá nunca; la penumbra invade aún a la capital mexicana. Los que entran temprano saben que si no abordan el Metro son los madrigadores del erotismo en movimiento. A esa hora las ventajas son muchas: el baño reciente, la loción intacta y el atuendo en su lugar. Bien dicen que al que madruga… la taquillera le ayuda. Durante todo el día y hasta el último de la noche, el vaivén semeja la marea: oleaje de antojos que aprovechan los tumultos para servirse del banquete y de las miradas para sofocar las brasas en la intimidad de algún hotel de paso.

Tres pesos por un roce vale la pena; tres pesos por el amor de tu vida, es nada. Deberían abrir un patronato que reciba donativos para el Metro como el que abrió la UNAM para sus egresados, quienes donamos en retribución por lo recibido. Fundación Metro o Amigos del Metro quizá; el nombre es lo de menos, el chiste es ser agradecido. Bueno, podría bastar con una misa en el aniversario del Metro o el día de la Marcha, pa que amarre. Y es que todos hemos testigos, cuando menos, del comienzo de vientos de altos vuelos que unen a dos. Testigos y padrinos de lo que logra la impudicia a sesenta kilómetors por hora: estaciones pasan y el roce las manos con la sangre erguida provocaba que los ánimos subieran de tono, el jadeo y los alientos encendidos derretían sus cuellos y agostaban sus mejillas  hasta que por fin, imposible ya la contensión de ese clamor, el primer roce de sus labios lacró el momento. Todo esfuerzo por resistirse era inútil, todo pudor se desvaneció ante el concierto de caricias.

Si la política nació con la palabra, lo que los homosexuales hacen en el Metro es la escenificación total de la guerra vuelta gestos, miradas y poses. Disfrutamos de una superlativa consciencia del cuerpo ha sido refinada para enunciarlo todo, para el deleite de las alegorías y regocijo simbólico del don. Avezados del lenguaje, somos alquimistas del análisis del discurso y la semiología. Los elegidos de Hermes. El silencio se vuelve a favor cuando el apetito se abre paso entre el secreto y el anonimato.

 

 

El etnógrafo, Jorge Luis Borges

El caso me lo refirieron en Texas, pero había acontenido en otro estado. Cuenta con un solo protagonista, salvo que en toda historia los protagonistas son miles, visibles e invisibles, vivos y muertos. Se llamaba, creo, Fred Murdock. Era alto a la manera americana, ni rubio ni moreno, de perfil de hacha, de muy pocas palabras. Nada singular había en él, ni siquiera esa fingida singularidad que es propia de los jóvenes. Naturalmente respetuoso, no descreía de los libros ni de quienes escriben los libros. Era suya esa edad en que el hombre no sabe aún quién es y está listo para entregarse a lo que le propone el azar: la mística del persa o el desconocido origen del húngaro, la aventuras de la guerra o del álgebra, el puritanismo o la orgía. En la universidad le aconsejaron el estudio de las lenguas indígenas. Hay ritos esotéricos que perduran en ciertas tribus del oeste; su profesor, un hombre entrado en años, le propuso que hiciera su habitación en una toldería, que observara los ritos y que descubriera el secreto que los brujos revelan al iniciado. A su vuelta, redactaría una tesis que las autoridades del instituto darían a la imprenta. Murdock aceptó con alacridad. Uno de sus mayores había muerto en las guerras de la frontera; esa antigua discordia de sus estirpes era un vínculo ahora. Previó, sin duda, las dificultades que lo aguardaban; tenía que lograr que los hombres rojos lo aceptaran como a uno de los suyos. Emprendió la larga aventura. Más de dos años habitó en la pradera, bajo toldos de cuero o a la intemperie. Se levantaba antes del alba, se acostaba al anochecer, llegó a soñar en un idioma que no era el de sus padres. Acostumbró su paladar a sabores ásperos, se cubrió con ropas extrañas, olvidó los amigos y la ciudad, llegó a pensar de una manera que su lógica rechazaba. Durante los primeros meses de aprendizaje tomaba notas sigilosas, que rompería después, acaso para no despertar la suspicacia de los otros, acaso porque ya no las precisaba. Al término de un plazo prefijado por ciertos ejercicios, de índole moral y de índole física, el sacerdote le ordenó que fuera recordando sus sueños y que se los confiara al clarear el día. Comprobó que en las noches de luna llena soñaba con bisontes. Confió estos sueños repetidos a su maestro; éste acabó por revelarle su doctrina secreta. Una mañana, sin haberse despedido de nadie, Murdock se fue.
En la ciudad, sintió la nostalgia de aquellas tardes iniciales de la pradera en que había sentido, hace tiempo, la nostalgia de la ciudad. Se encaminó al despacho del profesor y le dijo que sabía el secreto y que había resuelto no publicarlo.
— ¿Lo ata su juramento? — preguntó el otro.
— No es ésa mi razón — dijo Murdock –. En esas lejanías aprendí algo que no puedo decir.
— ¿Acaso el idioma inglés es insuficiente? — observaría el otro.
— Nada de eso, señor. Ahora que poseo el secreto, podría enunciarlo de cien modos distintos y aun contradictorios. No sé muy bien cómo decirle que el secreto es precioso y que ahora la ciencia, nuestra ciencia, me parece una mera frivolidad.
Agregó al cabo de una pausa:
— El secreto, por lo demás, no vale lo que valen los caminos que me condujeron a él. Esos caminos hay que andarlos.
El profesor le dijo con frialdad:
— Comunicaré su decisión al Consejo. ¿Usted piensa vivir entre los indios?
Murdock le contestó:
— No. Tal vez no vuelva a la pradera. Lo que me enseñaron sus hombres vale para cualquier lugar y para cualquier circunstancia.
Tal fue, en esencia, el diálogo.
Fred se casó, se divorció y es ahora uno de los bibliotecarios de Yale.

YouTube es un peligro para México

 

Seamos honestos, el PAN  no se ha dado a conocer, como quieren hacerlo creer o como creen sus partidarios (esquizofrenia pura), como un partido de gente culta, recatada y de buenas costumbres. Los presidentes que han salido de sus filas dan a entender todo lo contrario, absolutamente todo lo contrario.

Pues bien, ahora Josefina se encuentra ante un reto mayor que el de sus antecesores en la aspiración presidencial: Internet. Ni Chente o Felipe se tuvieron que medir con las redes sociales como ahora lo hace Josefina, quien vive el boom de estos medios.

En YouTube se han dado vuelo con las críticas hacia Josefina y no dudamos que pronto se dirá del sitio lo mismo que se decía de Andrés Manuel en 2006.

Aquí unos cuantos videos de los hechos y otros más de las ocurrencias ciudadanas.

 

 

Adolfo Sánchez Vázquez

El Colegio de Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México rindió un homenaje al célebre filósofo transdisciplinario en el que se hizo mención emotiva de su vida y puntuales observaciones sobre su obra. Se dijo, entre muchas cosas, que sus inicios como poeta habían marcado la totalidad de su carrera como filósofo del mismo modo que su juventud insumisa frente al franquismo que lo orilló al exilio en México, donde no fue nada fácil aceptar la condición de desterrado. Sin embargo, fue precisamente en México donde germinó su quehacer dentro del campo filosófico y a decir de varios ponentes, el compromiso de su pensar con su acción fue siempre un signo de congruencia.

Durante el homenaje se expusieron principalmente dos de sus corrientes de pensamiento: sus aportaciones a la filosofía política y a la estética. En ambos casos el cruce de ambas no pudo ser un epifenómeno e incluso se mencionó que una sin la otra no hubiera sido posible. Del mismo modo se habló sobre su poesía y se declamó parte de su obra en este sentido. Sin duda un homenaje no apto para cardiacos.

Durante una de las mesas se mencionó que Sánchez Vázquez “caía bien” porque no sólo era marxista, sino también poeta y humanista. Se hizo presente en repetidas ocasiones durante el homenaje su carácter crítico hacia el marxismo ortodoxo de la época y las desavenencias con el régimen de Stalin y el reclamo permanente a Cuba por su sumisión a la URSS.Esta postura crítica también lo acompañó en su problematización acerca del socialismo, del cual criticó su pretensión cientificista apelando al insoslayable talante que éste debía tener para poder ser y ser digno de llamarse así.

En la lengua Náhuatl, existe un vocablo cuya escritura es semejante a Mati, y que significa sin más ni menos pensarsentir. Desde el primer minuto de la primera mesa de trabajo la palabra Mati parecía materializarse en la figura de Sánchez Vázquez quien “caía o cae bien” no porque además de ser marxista también era poeta y humanista, sino porque comprendió que el marxismo primero nace de sentir al mundo y sus avatares, porque tiene siempre un rostro humano. Desde luego, es algo sabido pero muchas veces olvidado y no sólo en el marxismo, sino en el quehacer intelectual en general.

Razón y hombre. Desmarcando de entrada lo que a continuación se expone de una semejanza con el discurso de género, es preciso reconocer que, ciertamente, la conjunción razón-hombre, rechaza la noción sentir situación que posibilitó que la razón mutara instrumental por un lado y que todo trabajo intelectual alejado del cálculo y el método científico fuera considerado como no válido. Así pues El Círculo de Viena y más tarde La Escuela de Chicago. El cientificismo, que no la ciencia en sí, tiene una carga simbólica “machocéntrica”, disculpe la expresión cateta, lego. Quizá, y alejando este texto cada vez más de cualquier academicismo, podríamos decir que Sánchez Vázquez “cae bien” porque nos ofeción, junto con otros, un testimonio de algo que por burdas conjeturas inconsciente se negó a aceptar, que el conocimiento también es sentimiento, que quizá la obra de Marx también se puede leer como poesía, que Marx también fue un poeta maldito. Pero sólo tal vez. La entrega y el compromismo humano e intelectual de Sánchez Vázquez nunca caminaron por senderos distintos; siempre fuera una relación de pareja. Quizá lo que Sánchez Vázquez nos quiso dar a entender, lo que nos ayudó a despejar es que debemos dejar atrás el machismo intelectual, cientificismo, y aceptar que los intelectuales también lloran. Su risa me da la razón.

Ambrosio Velasco, un pensador notable, dijo que ASV no sólo significa Adolfo Sánchez Vázquez, sino también Adolfo Siempre Vivo. Y tiene razón. El marxismo n puede ser considerado como una aportación anquilosada dado que las condiciones materiales que lo vieron surgir están cada vez más vigorosas. Es decir que mientras haya capitalismo habrá marxismo porque mientras exista la opresión se buscarán los medios para salir de ella. La explotación coexiste con la necesidad de liberación.

Hay que pasar de una visión stalinista del marxismo a una más sanchezvazquiana.

Los espejitos: Josefina Vázquez Mota

Se ha hablado mucho de la candidata del PAN a la presidencia; ella misma ha hecho una fuerte campaña defendiendo a toda costa su feminidad o quizá, mejor dicho, su mujeridad, aunque para ser honestos, debemos concederle que, cuando los candidatos hablan de sí mismos diciendo que son hombres de palabra o algo así, no lo dicen suponiendo que su masculinidad les pueda dar algunos votos extra.

Sin embargo, desde que Josefina es la candidata oficial, muchas mujeres panistas se han dado a la tarea de reforzar ese punto clave que parece ser el más destacable de todo el perfil personal y profesional de la blanquiazul. El mismo día que ganó la elección de su partido, en las redes sociales se hacía sentir la voz firme de las panistas que laureaban el hecho como un logro de su partido y una muestra de respeto, inclusión y valores, al haber obtenido una mujer tal triunfo.

La proclamaron ya como la primera presidenta de México y ella misma dijo en su discurso ese día que será “la primera presidenta de México en la historia del país” lo cual resulta un tanto extraño, dado que no es fácil pensar en la primera presidenta de México en la historia de otro país. Pero más allá del error que delata su incultura (cualquiera comete un peñanietazo de vez en cuando), hay una contradicción que es insoslayable. Se trata del binomio mujer-partido de derecha.

Hace pocos días salió a la luz pública un artículo donde se comparaba a Vázquez con Cristina Fernández, aduciendo además que la primera puede consolidar su liderazgo femenino (sic) tomando para su campaña varios puntos que, según el “análisis”, llevaron a la viuda de Kirchner a la reelección. Seguramente veremos muchos intentos similare para tratar de posicionar a Vázquez utilizando para ello la imagen de grandes mujeres en la historia o en la actualidad para tratar de generar algún tipo de identificación entre esas mujeres destacadas, la candidata y las votantes.

Sin embargo, es de pensar que no existen mujeres, o son muy pocas, las que por principios ideológicos, digamos, se asocien con las formas de la derecha, en México o en algún otro país. Las mujeres destacadas al rededor del mundo, siempre han sido vinculadas a los paradigmas de la izquierda, aún cuando sus esferas sociales sean de grupos conservadores como asociaciones religiosas, gobiernos o la nobleza europea, entre otros. La justicia no discrimina.

Si rastreamos las biografías de las grandes mujeres en la historia, rápidamente podremos darnos cuenta que sus vidas y obras han estado del lado contrario de quienes representan figuras de poder. Incluso si nos remontamos a la historia misma de la lucha femenina pronto habremos de ubicarla, esta sí, dentro de las filas de una clara izquerda, la más “radical” de todas: el comunismo. Dista mucho el discurso comunista en su defensa de la mujer, que el que ahora venden en cualquier supermercado.

¿Compararla con alguna de ellas? Con qué derecho, con qué fundamentos. Cómo podríamos comparar el gobierno de Cristina con el de Calderón, y no es que sea absurdo porque una sea mujer y el otro hombre, sino por sus ideologías. Cuando en el Distrito Federal se legalizó el aborto, los Estados panistas corrieron a sus instancias legales para prohibirlo, criminalizando así a toda mujer que buscara abortar. Lo mismo con el matrimonio entre homosexuales.

También, para reconocer desde dónde habla Josefina, es preciso conocer a los grupos que hay tras bambalinas. ¿Qué grupos están con Josefina y cuáles, por ejemplo, estaban junto a Digna Ochoa? ¿Cuáles son las bases del PAN y cuáles, por ejemplo, las de Cristina Fernández? ¿Cuál ha sido el proceder de los gobiernos panistas en las áreas sociales? ¿Cómo ha sido el desempeño de Josefina en los distintos cargos públicos que ha ocupado?

En fin, ¿podemos decir que Josefina encarna la lucha de las mujeres? Y quizá más que eso, ¿el PAN podría colgarse alguna medalla como defensor de los derechos de las mujeres? ¿Ha estado la derecha, alguna vez en su historia, a favor de la mujer?

Lo siento Josefina, pero no hay GRANDES mujeres de derecha, y no te alcanza para capitalizar tu falso liderazgo femenino que pregunan al interior de tu partido que no sabe de historia.