Gay o no gay. La culturización de la política. La teoría queer al cadalso

El traje nuevo del rey…

Sumado al desprecio por la macha del orgullo, como una expresión anquilosada, que además no refleja la nueva homosexualidad en la sociedad de consumo, e incluso no representa a muchos homosexuales, nos encontramos con que muchos homosexuales consideran que defender la homosexualidad es una causa infructuosa, es decir, que pareciera no tener importancia pues ellos mismos suponen que la lucha de la marcha, por ejemplo, reduce la homosexualidad a su genitalidad. La excesiva carga sexual que envuelve a la marcha del orgullo ha provocado reacciones adversas de hombres y mujeres homosexuales que pugnan por la desestigmatización de la homosexualidad como promiscuidad, que a su parecer, es reflejada de manera grotesca durante esta manifestación.

El rechazo a la marcha es también el rechazo a la concepción de una homosexualidad superficial que pareciera importarle sólo el sexo, las compras, fiestas, drogas y el cuidado personal. Para estos homosexuales, la marcha representa todo aquello que deberíamos rebasar en pos de una inclusión efectiva. Así pues, en realidad no se hace un rechazo a la marcha como tal, sino al concepto y la simbología que acompaña al término. Pero no se trata de un repudio a la homosexualidad, y quizá en última instancia tampoco se trate de un rechazo a lo gay, al gay life style del que ya hemos hablado, sino más bien se busca erradicar esos aspectos negativos a una homosexualidad que busca ser participativa de las sociedades de consumo.

Estos homosexuales lo que buscan es exaltar su orientación sexual y por encima de ella, el gay life style como un elemento implicado en el desarrollo del capitalismo, uno de sus motores. Al respecto se ha escrito ya literatura que menciona, por ejemplo, cómo los homosexuales salvaron a la sociedad estadounidense[1]. Ahora, mediante la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo, cada vez más creciente en países de todo el mundo, se abre la puerta para exigir la participación de los homosexuales en la vida económica del planeta a través de la inclusión de campañas publicitarias, productos, servicios y atención especial a los nichos de mercado LGBT que representan ya en sí, una parte muy importante de las economías mundiales. En México, la derrama económica de este segmento deja ganancias superiores a los 5,000 millones de dólares al año, cifra nada despreciable. Según una publicación que aparece citada  la nota en el diario mexicano El Financiero, los homosexuales son más proclives a superarse en cuanto a su imagen y nivel de vida, acuden a más eventos culturales, comen más en restaurantes, están más al tanto de la moda, marcan tendencias y viajan con mayor frecuencia al extranjero [2]. Los homosexuales son considerados una variante del consumidor del siglo XXI, un impulsor emergente de la economía global. Sin embargo, este fenómeno ha provocado que se construya un tipo ideal de homosexual, un modelo aspiracional, término publicitario, que acapare los esfuerzos del homosexual de a pie para ser alcanzado.

La participación activa de los homosexuales en la industria turística a nivel mundial, empuja a gobiernos locales y nacionales, a generar políticas públicas de inclusión y defensa de derechos de este segmento. La derrama multimillonaria que dejan los homosexuales en los países que visitan, es un atractivo para las economías de muchos países desarrollados y en vías de desarrollo. De acuerdo con la nota, Alfonso Barquín, presidente de la agencia Global Travel Reps, este segmento siempre viaja, a pesar de recesiones, lo que supone ya una tendencia hacia el hedonismo propio de la sociedad de consumo y que es aprovechado por este sujeto antes condenado al silencio. En una nota del diario Excélsior, una reportera entrevista a una mujer homosexual, la cual hace mención de las ventajas del mercado LGBT y remata con una frase que contiene el discurso al que apelan los detractores de la marcha y los defensores del matrimonio entre personas del mismo sexo y el pink market; dice: “En otros países hay pueblos dedicados a ese negocio,  hay muchos lugares como Canadá donde hay hoteles gay, bodas gay, es todo tan gay… Es gay con clase, no de carnaval”[3]. La contención, la mesura, el desdibujamiento no del presunto carácter festivo del homosexual, sino la adecuación, adaptación y la instrucción simbólica, el adiestramiento hacia la nueva homosexualidad en el capitalismo. No es instruir de manera directa, sino dirigir mediante la seducción.

Sin embargo, es preciso reconocer que el rechazo a la marcha, a la homosexualidad no sujeta a la moral capitalista de los placeres ordenados, es una postura política a favor de la ciudadanía participativa del modelo liberal de las sociedades actuales. No es la búsqueda de La inclusión social, sino la búsqueda de la inclusión a Esta sociedad, con sus normas y propósitos. Estamos ante la anulación del conflicto en pos de la participación colectiva de los homosexuales en la sociedad liberal. Para éstos, no hay más hostilidad por parte de la sociedad dada la pujante inclusión que gozan gracias a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, el ofrecimiento de bienes y servicios especializados, producto del auge del mercado rosa, así como de políticas públicas y tolerancia en sectores bien definidos como barrios gays, la moda, el arte, la publicidad y en menor medida los ambientes universitarios, que contrario a lo que se creería, son espacios donde la homofobia está presente y no en grados mínimos.

Esta etapa del capitalismo busca desvanecer al sujeto para hacer posible su libre elección y la tolerante multiculturalidad. Es el extrañamiento de un mundo de vida particular, es un ser arrancado de sus propias raíces. Se dirá que dejar a un lado la homosexualidad es el ideal de toda lucha homosexual, para así, crear y formar parte de una sociedad más justa, como menciona la teoría queer cuando hace una crítica a lo gay para dar paso a distintas identidades y clasificaciones que nacen y se agotan a partir de la relación genitalista del sujeto; no obstante, el problema es que no se busca erradicar la homosexualidad como si se tratase del Muro de Berlín, sino de anular todos los rasgos que acompañan a ese sujeto que es homosexual; es decir, con raíces no se hace referencia a su homosexualidad, sino a su procedencia, su historia de vida, su condición económica; en una palabra, religión, color: su clase social. No es lo mismo formar parte de los homosexuales derechohabientes del liberalismo cuando se es publicista blanco en Nueva York, Estados Unidos, que cuando se es estilista transexual en un barrio pobre de Lima, Perú. Y podría decirse que no importa qué se pierda o qué se haga a un lado en pos de la sociedad multicultural, ya que ésta es proveedora de derechos: igualdad y libertad, pero olvidamos que en realidad no se trata de una discusión que esté al nivel de la cultura, sino a nivel de la política. Esa supresión, más bien, Esta abolición de Esa homosexualidad tiene como objetivo no manifiesto sumar afiliados al proyecto capitalista de una sociedad global, con las ya sabidas consecuencias que ello implica. Cuando hablamos de abolición de la homosexualidad en pos de una sociedad tolerante e incluyente, en realidad lo que se busca es participar, ¡como ciudadano! De las actuales formas de explotación, racismo y devastación planetaria.

La refutación a este argumento es que aún sin la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo y el descubrimiento del llamado mercado rosa, los homosexuales participan, como cualquier otro, en los procesos de dominación y de producción capitalistas. Sin embargo, es preciso recordar que existe una diferencia sustancial entre participar de ello como parte de una formación del sujeto, es decir, porque nació en una sociedad capitalista y es lo único que conoce o aún cuando hubiera nacido en un país socialista y conozca de capitalismo por la televisión estadounidense o los turistas extranjeros, por un lado; y por el otro, asumir un papel de impulsor no sólo de estos procesos, sino de la artillería fetichista y alienante del capitalismo. Y ni siquiera el sujeto reconoce su participación activa como promotor del modo de producción capitalista; él simplemente está a favor de una sociedad más tolerante, incluyente y que brinde mayores oportunidades; el sujeto piensa en una sociedad multicultural. Para Slavoj Žižek, el sujeto libre de elección, en su tolerante y multicultural significado occidental, puede surgir sólo como resultado de un violento proceso de extrañamiento de un mundo de vida particular, de un ser arrancado de las propias raíces[4]. Desde luego, no es que las categorías homosexual y gay sean consideradas aquí como rasgos culturales, sino que debe comprenderse que es desde esta particularidad de un sujeto, de la que se quiere partir para buscar la anulación del conflicto real y esterilizar cualquier posibilidad de reconocimiento de éste mediante la culturalización de la política, que tiene como objetivo legitimar los procesos capitalistas de explotación, tales como las reformas laborales, la minería a cielo abierto, el avance de las manchas urbanas, el desarrollo tecnológico y otras.

Cuando un homosexual se deslinda de ser considerado como gay u homosexual, puede que él suponga que no quiere ser relacionado con los referentes simbólicos que están alrededor de ambos conceptos para hacer evidente que la discriminación no debería recaer en él pues es un hombre o mujer productivos, responsable, sin vicios y otros talentos. Y esa consideración no supone, desde luego, que el sujeto forme parte de algún plan macabro, ¡una conspiración!, para dominar el mundo. Tampoco es considerar esos referentes como una oposición a las mencionadas relaciones de explotación. El juego de este concreto radica en cuáles son los componentes atravesados por los discursos de poder que en algún momento tienen como resultado la consolidación del poder capitalista.


[1] Cathy Crimmins, Cómo los homosexuales salvaron al mundo, México, Diana, 2007.

[2] Diario El Financiero, Nota del día 6 de agosto de 2012. http://www.elfinanciero.com.mx/item/32780/26

[4]Slavoj Žižek, Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales, Buenos Aires, Paidós, 2009, p 176.

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Pulques gays

Sí, es verdad, la sola idea pareciera una ofensa para las buenas costumbres de quienes reclaman un desetiquetamiento de todo en pos de un anonimato social como el que se vivía hasta antes del inicio del movimiento gay a finales de los años sesenta. Quién los entiende, primero enarbolan una lucha social reivindicándose como homosexuales y luego, ya que Starbuck´s, Zara y el Registro Civil los reconocen, quieren desmarcarse. ¡Decídanse!

Por otro lado, sabido es que desde hace algunos años el pulque, bebida tradicional de estas tierras, diría más bien típica, ha tenido un auge sin precedentes. No sabemos si porque en verdad sea del agrado popular de las nuevas generaciones que buscan lo “novedoso” o porque a alguien se le ocurrió volverse fan y colgarse medallas de originalidad posmoderna. Lo cierto es que ya sea naturales o curados, estos elíxires han hecho del DF, un paraíso sofisticado de una bebida hasta hace poco, exclusiva de teporochos. No importa, lo mismo pasó con el tequila hace poco más de 15 años y con el mezcal casi a la par del pulque. ¡Y está perfecto, así es la vida!

La nueva fauna exploradora y aventurera atiborraba las viejas pulquerías ante el asombro de los clientes de toda la vida. La mezcla era digna de una ciudad que después de años en el abandono, parecía cobrarle a nuestros tiempos excéntricos todas las que le debía.

De la noche a la mañana ya todos hablaban de los curados, de los “buenos” y los “malos” pulques; miles de sommeliers pulqueros surgieron para ofrecer su propia teoría de lo que debe ser un buen pulque. Pero como las pulquerías típicas no tenían la capacidad para atender a esta creciente y exigente nueva clientela, comenzaron a surgir bares con nombre de pulquería donde para quienes no disfrutan del sabor y consistencia de éste, pueden acompañar a los que sí, con otras bebidas alcohólicas. Además, las nuevas pulquerías estaban diseñadas de acuerdo a los estándares de esta nueva grey. Muchas de las antiguas no contaban con sanitario para damas y si contaban con él, las condiciones propias de éstas, las hacían poco amistosas; había entonces que crear algo así como unas pulquerías bien. La decoración, la música y la ubicación serían determinantes para marcar distancia con respecto a las pulquerías antiguas pero también para ofrecer un ambiente más cómodo en todos los sentidos. No había necesidad de transformar a las viejas pulcatas en Frankensteins sofisticados pues no había necesidad; parte del renovado gusto era conservar los espacios tradiciones así como quedaron atrapados por la ola de la globalización.

Fue así como surgió hace unos días una pulquería en la calle de Florencia, en plena Zona Rosa, donde pareciera que los dueños tienen la intención de atraer un nuevo público al gusto por las mieles de los dioses. Y no podía existir mejor público para el pulque, por varias razones, de las que usted guste y el doble sentido pueda ofrecer. Si bien es cierto que no por estar ubicada en Zona Rosa tiene que ser de manera obligatoria una pulquería para ese segmento, parece que se juega, muy bien además, con los elementos sibólicos que envuelven al imaginario colectivo en torno a lo gay. También es cierto que muchos homosexuales asisten a las pulquerías contemporáneas sin el menor aspaviento porque para el pulque todos somos iguales. Eso significa que no es necesario crear un espacio exclusivo, insisto, para este grupo peculiar de la sociedad aunque no creo que sea la intención de la pulquería; es más, ningún lugar de los llamados “diversos” o “de ambiente” han sido lugares exclusivos ni excluyentes, sino todo lo contrario, se llaman así porque habrá clientes que sepan que ahí no serán discriminados, nada más.

Siendo así, la idea juguetona de la decoración, los muebles, la música y algunos otros elementos, hace de esta nueva pulquería un sitio que debe visitarse. Emborracharse tomando pulque y cantando a Rocío Jurado es un deleite que pocas veces puede uno darse. Además, la consistencia y los niveles de alcohol son más moderados incluso que en otras de las nuevas pulquerías, razón por la cual, nadie puede decir que sabe feo o algo así pues por si no fuera poco la suavidad, los curados se sirven con trocitos del fruto que le da sabor al alipús.

Para quienes ya tienen sus horas de vuelo en eso de los pulques, notarán la diferencia a la primera, razón por la que sería bueno contar con dos tipos de pulque: el fuerte y el ligero. En las pulquerías típicas el fuerte es el normal y el suave se conoce como picado que es rebajado con pulque de una fermentación más ligera. En la nueva pulquería, que por cierto se llama “La elegante”, podría ser al revés, es decir, que al suave, el normal, se le añadiera pulque blanco para quienes quieran saber lo que es bueno. Y ya entrados en clichés, hasta podría servir para que los dos tipos de pulques se ofrecieran como para activos y pasivos o para pasivos dominantes y activos holgazanes.

Si Guadalajara tiene sus tacos gays, no veo por qué el DF no podría tener sus pulques gays. No es por excluir o etiquetar, se trata de tomar las cosas un poco más a la ligera y tomar el hecho con buen sentido del humor. Ya veo a las jotas de blanco, moralinas del activismo, escupiendo fuego contra esta nueva pulquería pero la verdad es que es preferible disfrutar de una buena borrachera acompañando a los sentimientos con un curado de fresa y los éxitos de Vicky Karr, Selena Gómez y música por el estilo.

Es más…

Hasta como manifestación política es buena. Y que no me digan que no les gusta el blanco…

Los diez mandamientos de la jota chilanga

1.- Amarás al Metro sobre todas las cosas.

2.- No tomarás el rol de activo en vano.

3.- Santificarás el día de la Marcha.

4.- Honrarás a Monsi y a Novo.

5.- No bufarás.

6.- No serás poliamorosa, ni ninguna otra barbaridad similar.

7.- No perrearás.

8.- No usarás PhotoShop en las fotos de tus redes sociales y páginas de contactos.

9.- No bailarás coreografías en Zona Rosa, ni vestirás de Zara, ni tomarás café del Star.

10.- No desearás al chacal de tu comadre.

Puta… pero no pendeja

… Y la ética de la amistad

Existe actualmente un incremento en la escalada de violencia hacia homosexuales en esta ciudad. Las recientes medidas a favor de una igualdad jurídica han despertado a ese sector de la población que hasta entonces se había mantenido en el endeble territorio de la tolerancia. Sin embargo, de un tiempo para acá, han visto cómo lo que ellos consideran de su propiedad, el matrimonio y por tanto las instituciones y en general el Estado, ha sido tomado por un grupo que no merece, según ellos, ningún tipo de reconocimiento. Ya en el Metro de la Ciudad de México se pueden observar en el llamado jotivagón, personajes poco comunes hasta antes de que sucediera lo del cierre del mismo a partir de las 10:00pm y que causó revuelo en los noticiarios de todo el país. Señoras que dicen a las parejitas “¿Saben que lo que hacen está mal..?” o señores que van leyendo muy “inocentemente” la Biblia en voz alta, como cuando después de la Marcha Gay se reúnen grupos de cristianos para orar por nuestras almas y “purificar” de algún modo el zócalo capitalino. Entre otros, estos personajes hacen lo posible por incomodar a los sí, me van a disculpar, tradicionales usuarios de este vagón en específico, gente que hizo de él, lo que los punks y demás hicieron con lo que ahora conocemos como Tianguis Cultural del Chopo. La situación es que a últimas fechas los grupos conservadores, no sé de qué porque los homosexuales (sujetos que ahora tienen ese nombre pero que antes fueron llamados de otras muchas maneras en todo tiempo y en todo lugar) existimos desde mucho tiempo antes que el cristianismo y el judaísmo, de donde el primero salió; en fin, el chiste es que estos grupúsculos ahora hacen uso de herramientas más frontales y peligrosas como antaño o quizá no tanto, o quizá no siempre.

Los crímenes de odio por homofobia aumentan, la discriminación sutil aumenta y muchas veces ésta se descara. Muchos hombres buscan ligar a otros en bares gays con el objetivo de asaltarlo, cuando no matarlos. Y es este el problema del que quiero hablar. Existe una tendencia hacia la liberalización de las prácticas sexuales que por sí misma no tiene nada de malo, si no estuviéramos inscritos en este contexto. También hay una doble moral por parte de quien lleva a cabo esta práctica pues si bien la realiza casi sin miramientos, tampoco quiere ser descubierto, en muchos casos, por sus colegas o amigos en los lugares propicios para éstas. Del otro lado, los amigos, hacen en muchas ocasiones señalamientos acerca de la actitud de sus amigos que llevan a cabo estas prácticas. Y es ahí donde estos sujetos mal intencionados aprovechan para cometer los delitos. El que liga no tiene la confianza para avisar a sus amigos porque sabe que puede haber un señalamiento y los amigos dejan en manos del que liga su suerte. Pero amistad es también compartir responsabilidades y si bien el que liga es responsable de sus actos, ante este escenario, hay que hacer un frente común para disminuir esas posibilidades de delito lo más que se pueda. En la amistad también hay ética y es necesario, justo ahora, que nos apoyemos en este terreno para prevenir posibles lamentaciones.

¿No ligar, salir con miedo? Eso sería como quien dice que no aprende a nadar por miedo a ahogarse, forma segura para prevenir un accidente pero las pulsiones que llevan a millones a cometer ese acto de abandono al placer pueden ser muchas y quizá lo que deberíamos atender son precisamente esos motivos que llevan a un homosexual a ver en el sexo desmedido una salida, quizá un refugio o incluso una postura política; no sabemos y es una tarea que hay que realizar pero mientras eso sucede, ya que llevará mucho tiempo que rinda frutos o siquiera poner en la mesa de discusión ese tema, hay que ayudarnos. No podemos ni tenemos el derecho a juzgar, en última instancia, el proceder de los otros; más bien tendríamos que profundizar nuestros debates y ofrecer opiniones más serias y cultas (no en sentido elitista, sino cognitivo). Es peor negar el problema o pensar que podemos lograr erradicar esas “conductas”. Yo diría que se trata, antes bien, de ofrecer respuestas ante los panoramas que se vislumbran a la luz de los hechos.

Desde luego este comentario va enfocado a liberarnos de esa doble moral que posibilita crímenes en nuestra contra. La solidaridad es una buena arma en esta lucha que se está librando desde hace siglos y a la que aún le faltan otros tantos más para dirimirse. Mas en nuestro aquí y en nuestro ahora, esa unión llamada amistad puede contribuir de manera impresionante a evitar actos delictivos.

San lunes, la libertad de Christian Chávez

Hermoso, simplemente maravilloso. El nuevo video de Christian Chávez, que nos da un respiro a todos los homosexuales del mundo, llega en el momento preciso, justo cuando este sector de la población requería una figura de liderazgo, compromiso y entrega con la noble causa de defender a un grupo vapuleado por milenios y cuyo golpe más reciente a su integridad corrió a cargo del gobierno del Distrito Federal cuando decidió cerrar a las 22:00horas los tres últimos vagones de todos los trenes del Metro para que esos sodomitas del mal no hicieran lo que todos hacen (homosexuales o no) en cualquier espacio público, a cualquier hora del día. Sería muy tonto creer que la carga erótica que pudiera tener para algún enfermo la oficina de Marcelo no lo llevara a tener la idea de cometer en el escritorio algún acto rijoso. Cada quien…

El chiste es que justo cuando un grupo de activistas logró la legalización del matrimonio entre parejas homosexuales y su posibilidad de adoptar hijos, llega Christian Chávez gritando a los cuatro vientos que ya no hay nada que confesar y que está cansad@ de pedir perdón. ¡Bárbaro, lapidario! El señor me recordó a las mejores frases, las más dramáticas de doña Yolanda Vargas Dulché y sus novelas que desbordantes de sensibilidad lacrimosa fueron galardonadas por la televisión mexicana a la que le dio muchas de sus mejores telenovelas. El caso particular es de llamar la atención porque como ya bien saben los teóricos más rigurosos, el matrimonio representa una especie de contención e incluso una atadura muy disimulada cuyos efectos pueden ser benéficos para los contrayentes en cuestión de certidumbre, por lo menos legal, y si es posible también de un anhelo de fidelidad. En fin, resulta que al matrimonio se le opone ahora el anhelo de un cantante que reclama su libertad sin restricciones como lo único que quiere, con la venia de las luchadoras incansables Anahí y Amandititita. La libertad del individuo por encima del sometimiento a una relación “estable de matrimonio”. Esta lectura no es evidente, sino que está implícita y se obtiene de hacer un análisis discursivo de la obra que el video nos ofrece.

El video nos muestra a un sujeto que entra a un bar y de inmediato es seducido por las mieles de esa peculiar libertad festiva pero que gracias a las tonalidades ocres y obscuras propias del lugar y enfatizadas por las prendas que a veces hacen juego con estos significantes subterráneos propios de bares clandestinos y en ocasiones de una luminosidad sofisticada, llenos de brillantes, joyas, pieles y demás elementos que además de glamour se mezclan con un el erotismo significante de la ropa rasgada, vestidos de cuero con accesorios de picos y demás. Los juegos de luces, naturales de un antro, al ser intrépidos, incesantes y rápidos, envuelven en una atmósfera vertiginosa, en la que el sujeto en cuestión es transportado por lógica a un microcosmos eufórico en el que se da rienda suelta a lo prohibido por las autoridades clericales más conocidas del orbe. ¿Pero es libertad hacer lo opuesto a lo que dictan las leyes de alguna religión o sólo se trata de una liberación superficial con respecto a éstas para entrar a otro tipo de yugo: la obligatoriedad de un goce que al ser imperativo deja de ser tal?

“Libertad, yo vivo en libertad, no me voy a frenar, yo busco libertad” es el mantra que repite el cantante para hacer hincapié en su denuncia; la frase es una demanda, una consigna que el autor lanza para tomar una posición ante unas imágenes que a lo largo del video hacen alusión a la represión brutal que vive este sector aquí y en otras partes del mundo, como en Irán. La conjunción de estos dos discursos nos brinda los dos extremos más evidentes de un hecho. Por un lado la barbarie en su máxima expresión y por otro, la utilización de la palabra libertad no como un acto de escapatoria, sino como una diáspora homosexual, huir de la crueldad; en realidad no estamos frente a un acto libertario, sino ante una evasión del hecho. El homosexual emprende un éxodo hacia un territorio, el que sea, que lo saque de su opresión. No se trata de liberarse, sino de huir, buscar un refugio. Propio de nuestros tiempos, se trata de refugiarse en la indiferencia. Gilles Lipovetsky en una de sus obras menciona que cuando todo afuera se derrumba el sujeto ya sólo puede salvarse como individuo. Libertad es entonces una excusa para eludir el problema. El video nos muestra la evocación al acto de inhalar cocaína, usando un polvo brillante que un hombre esparce soplando, sobre el rostro del protagonista provocando en éste una reacción semejante a la del estado de drogadicción. Al tiempo que esto sucede, el cantante entona la frase “… que tengo mil razones para tocar el cielo y gritar libertad…” Tocar el cielo o frases semejantes son muy recurridas dentro del grupo de personas que acuden a las drogas para tener experiencias “extrasensoriales”.

Al final el ambiente es festivo en un ambiente sombrío, que resulta ser el espacio propicio para esa libertad con sabor a renuncia; estamos ante un escenario de la que algunos llaman postmodernidad. Se trata pues de equiparar el abandono y la indiferencia con la libertad. La libertad se vuelve deserción. Desgano e indolencia, tibieza y desinterés. La libertad que ofrece Christian Chávez, al ser una escapatoria, se convierte en un refugio, quizá otro tipo de encierro, un búnker indoloro que desdeña toda impiedad en su contra no haciendo algo para remediarla, sino basándose en el principio de que ante la imposibilidad de forjar un porvenir el sujeto se fuga de la sociedad para salvarse él solo.

Al final el video cae en tierra fértil. Hace mención de un ideal básico: la necesidad de un grupo por librarse de su situación histórica. Se apuesta por la fácil accesibilidad de una acción política: el éxtasis corporal. Se venera a aquellas sustancias que desatan reacciones de extremo placer en el cuerpo. Se vela por la explosión química del cerebro. Se trata de salir corriendo del problema y embarcarse en el navío del arrebato y la euforia como sustitutos de la felicidad.

Y dicho sea de paso, ya vi al señor Chávez como el Hidalgo de Zona Rosa, la Eva Perón de la glorieta de Insurgente o el Che Guevara de los Cabaretitos. Este tipo de activismo siempre es reconfortante para el pensamiento porque da la oportunidad de disfrutar las causas en un ambiente lúdico y por demás ameno. Semejante a una conocida cantante del mismo género, Christian Chávez va con todo con este video para posicionarse como el Lady Gaga de este lado del Río Bravo.

“Li-li-li-liber-ta-ta-ta-ta-tad”

Genealogía del verbo metrear

El Metro.

Transporte público de una ciudad convulsa, espacio donde se intercambian miradas, roces y aromas cinco millones de personas diariamente. El Metro del Distrito Federal ha sido desde siempre el espacio público por excelencia, dentro de nuestra capital. Quizá equiparable sólo con el zócalo de la ciudad, el Metro es testigo incómodo de los avatares de un espacio donde lo público en su carácter de anónimo posibilita un sinfín de acciones para sus habitantes. La ciudad, apuntan los sociólogos, es el espacio de la libertad, y agregaría que de la libertad fría, la libertad silenciosa.

Más a fondo, los espacios públicos.

~La calle y la marcha.

En la ciudad la interacción debe darse forzosamente en el espacio público para poder ser reconocida por la población. Los ritmos de vida que aquí se llevan hacen prácticamente imposible una convivencia a fondo, más seria y detallada acerca incluso de los grandes amigos. Los tiempos, su medición, son imprescindibles. De nada sirve un grupo de manifestantes encerrados en una especie de manifestódromo para luchar por sus demandas. La ciudad tiene que enterarse de lo que sucede, de lo contrario, nada existe. Lo privado se vuelve público debido a los altos niveles de despersonalización. “Ey, aquí estoy, dentro de todos los millones que somos, aquí estoy” es la consigna de los movimientos que se manifiestan en las calles. LA CALLE NO ES PUES, UN LUGAR DE TRÁNSITO, SINO DE EXPRESIÓN. LA CALLE ES EL VERDADERO FORO DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

~El Metro, lo público y lo privado.

Si la calle no es sólo un lugar de tránsito, entonces el Metro tampoco es sólo un medio de transporte. Éste funge también como espacio para las artes, el comercio formal e informal, la alimentación y para algunas autoridades, es también la mina de oro que tiene a este transporte en el estado deplorable en el que se encuentra. El Metro es el espacio de la corrupción mucho antes que ser el lugar idóneo para el encuentro entre similares.

¿Por qué el Metro?

Todos sabemos que mucho ante de que existiera la aún hoy reducida gama de bares para no ser molestados por gente homofóbica, el encuentro se llevaba a cabo en sitios para hombres como vapores y sanitarios, entre otros. En muchos casos, a falta de internet, se corría la voz y la gente iba conociendo nuevos lugares propicios para llevar a cabo tales acciones. Así nació la leyenda del Metro, en una ciudad que no atiborraba los vagones. El último siempre fue el menos accesible debido a la holganza citadina que propiciaba una movilidad muy corta más allá de los vagones centrales. El espacio pronto fue acogido por cientos de parejas homosexuales que viajaban más seguras en aquel vagón, lejos de las calumnias, ofensas y posibles abusos por parte de gente conservadora y también por varios solteros posiblemente amanerados que hallaban en ese vagón un lugar de refugio y descanso al acoso. Pero seamos honestos, el espacio sirvió también para el intercambio de miradas, roces y cuerpos. Y no hay nada de qué escandalizarse, así lo han hecho también parejas heterosexuales cuando tienen la oportunidad, en cualquier lugar en que ésta se les presente. Es una característica humana transgredir el espacio, romper con su linealidad objetiva. Y es este parámetro, el de lo objetivo, el que habla para oponerse a esta actividad que como hemos visto, no sólo es de índole sexual, sino que esconde también ciertas reservas respecto a los posibles tratos que hay por parte de gente homofíbica, fuera del llamado jotivagón. Estar en grupo suele ser más seguro que ir solo.

¿Por qué lo hacen?

Una de las tesis más importantes al respecto es que el homosexual al cobrar consciencia acerca del papel que tiene en las relaciones sociales, en tanto disidente del canon conductual, se libera de las que considera ataduras o de manera más sencilla, se apropia del estigma y lo transfigura de tal modo que actúa con base a las características de las que se le inviste, en este caso, al no participar del matrimonio lleva a cabo conductas opuestas a éste.

Otra de las teorías menciona que muchos homosexuales encuentran una salida a la pesadumbre que les causa la insatisfacción de lo cotidiano en el sexo. Tal tesis apela a la actividad sexual impulsiva como escapatoria de una realidad no placentera. Sin embargo, hay quienes mencionan que pese a que esta tesis sea altamente sostenible, no se reconoce porque es parte de la actividad no consciente del sujeto y por tanto no se reconoce y es de difícil estudio.

Una más menciona que tales conductas son posibles dentro de un marco social que propicie el liberalismo sexual, es decir, una sociedad hedonista que apele por la frivolidad del goce antes que cualquier otro rasgo o característica. Liberal al sujeto de todo formalismo, incluyendo el de la pareja monógama. Esta tesis se esgrime siguiendo los lineamientos de la sociedad de consumo.

La última se sostiene bajo el fundamento político de saber que lo que se hace es un ataque a cualquier orden establecido, más aún si se hace en espacios públicos. La clandestinidad será una respuesta a la normalización. Actuar bajo las sobras, a escondidas de un poder que vigila sin cesar es burlarse de él y gozarlo.

Sea cual sea el posible origen de este acto, lo cierto es que forma parte de las actividades que se realizan en toda urbe del tamaño de la Ciudad de México y que impone a sus habitantes condiciones tales que propicien actividades de éste y otros tipos. El sexo clandestino en lugares públicos se suma a la resignificación de los espacios como las marchas en las calles, los cafés en las banquetas y ahora las poco usuales e irruptivas bicicletas que transitan en aceras inundadas de gente y avenidas infestadas de autos. En la ciudad no se dispone mucho tiempo para planear las cosas y hay que hacerlas cuando se presenta la oportunidad. En la ciudad, el Metro es un refugio para el sujeto socavado.