Carmen, la manzana de la discordia

La mañana de este miércoles, Carmen Aristegui dio una aguerrida conferencia de prensa en Casa Lamm, recinto que alberga a muchos de los intelectuales y artistas más prolíficos de la ciudad. En punto de las 11:00am, tiempo de la Ciudad de México, todo estaba listo para la memorable ocasión; la periodista, todos lo sabíamos, se dirigiría no a la audiencia, sino a quienes se han obstinado en desprestigiar su carrera. La calumnia no llegó por parte de Aristegui, hay que dejarlo en claro, sino que fue un acto cometido por aquellos que pusieron en tela de juicio hoy como hace algunos años, la seriedad y profesionalismo de la mujer en cuestión. Solórzano apuntaba en su columna de hoy para el diario Reforma, que no creía la hipótesis acerca del mandato presidencial para que la familia Vargas expulsara de sus filas a Carmen. Javier mencionó que le parecería difícil de creer que el gobierno federal fuera tan miope como para llevar a cabo esa medida, sabiendo que con ella su imagen se vería afectada. Yo no quiero desacreditar la labor de Solórzano pero me permito recordarle que la actual administración federal no se distingue precisamente por su visión óptima en ninguna materia en que ha puesto su mirada. Así ha sucedido en educación, seguridad, soberania nacional, cultura, energéticos y por si fuera poco, también en democracia.

El famoso comunicado de prensa que emitió hasta el cansancio la estación de radio 102.5 de fm, en el que se decía que el motivo por el cual se había tomado la decisión de expulsarla era la falta que según ellos, Carmen había cometido contra el código ético de la empresa. Al unísono, la presidencia de la república se deslindó del acto mediante la voz de una vocera. El hecho trasciende porque como usted sabrá, estimado lector, justificación no pedida, es confesión dada.

Retomando. A la conferencia de esta mañana acudieron varios medios de comunicación pero ninguno tuvo a bien transmitir en vivo lo que ahí ocurría. En realidad este gesto pudo deberse a que no se creyó que el acto fuese de trascendencia pero sabemos que los medios de comunicación privados no se manejan con la lógica de la importancia, sino la de la ganancia, los niveles de audiencia. Sin embargo, y pese a que la conferencia y todo lo que gira al rededor de ella han sido Las Notas de la semana, no se le prestó atención y fueron los medios digitales, la internet, la herramienta que dio cabida de manera íntegra a la voz de Aristegui. Y es este, el asunto más importante desde mi humilde punto de vista, en relación a lo sucedido.

Los medios, llámemosles tradicionales, de comunicación, es decir, la radio y la TV, más allá de ser simplemente medios, son negocios y como tales, cumplen cabalmente sus funciones de tales, actuando bajo los lineamientos de una economía cuyos fundamentos, entre otros, son el funcionalismo y el utilitarismo, bases que harán posible el éxito o fracaso de dichas empresas. Como todo negocio, los medios de comunicación harán lo apropiado para obtener mayores ganancias ala menor costo. Así lo demuestran las dos televisoras más importantes del país y las cadenas de radio con mayor audiencia. Los programas que presentan no requieren de un esfuerzo mental exhaustivo, sino que, como sabemos, son de fácil digestión para públicos a los que las condiciones laborales y educativas han desarmado en sus capacidades críticas y mentales, por mencionar sólo dos, las que nos atañen. El sesgo de sus programas de opinión, periodísticos y noticiosos, tiene la finalidad de mantener un estándar de comprensión de los fenómenos tal que baste como única referencia popular para formular un criterio acerca de los acontecimientos de toda índole en el quehacer nacional en lo macro pero también en lo micro. Guiar sería un eufemismo apropiado para nombrar lo que resulta de esta inferencia en la mentalidad del espectador. En cambio, los nuevos medios que parten de la herramienta cibernética conocida por todos, la internet, gozan de una cualidad prácticamente imposible en los otros, los tradicionales medios de comunicación. La interlocución es mucho más directa en internet y todas las voces son escuchadas, vistas o leídas. Cualquiera puede opinar sobre lo que yo escribo y a su vez, yo puedo responderle de manera directa e irrestricta a su comentario. La información fluye de manera vertiginosa y en tiempo real; no existen las ediciones, las tendencias y salvo porque existen mecanismos ajenos a los usuarios que pueden bloquear palabras clave en buscadores o redes sociales, internet es una herramienta que posibilita la expresión de las voces de quienes debido a la naturaleza de los medios tradicionales, no pueden expresarse, manifestarse de tal manera que no existan límites a su participación. Extenderse es imposible en TV y aunque menos en radio, también es dificultoso. Como buenos negocios, no darán voz a aquello que no represente ganancia y centrarán sus esfuerzos en aquello que eleve audiencias para obtener más y mejores patrocinios. Hoy los programas más populares utilizan gran parte de su tiempo aire en publicidad, incluso cuando se trata de la transmisión del mismo programa, fuera de los anuncios comerciales. En la internet los anuncios ocupan un lugar secundario y pese a que comienzan a ganar terreno, no lo hacen aún, y esperemos que así siga, de manera tan agresiva cono en la televisión.

Fueron precisamente los medios de la red, los que han estado muy pendientes acerca de lo que ocurre al rededor de Carmen Aristegui, hoy dándole voz a su conferencia y llevando a cabo una nueva manera de manifestarse que ya no es la de la marcha multitudinaria, sino la de inundar los espacios digitales acerca de los temas más variados. Facebook, Twitter y WordPress, son ejemplos vívidos de lo que mencionamos. NO es casualidad que los gobiernos represores, de cualquier ideología, busquen pot todos los medios desacreditar a estos medios, tildándolos de poco serios e incluso de basura, como llaman los presentadores de noticias de la empresa Televisa a Twitter, por ejemplo. El problema no es la veracidad y el tratamiento que se hace en estos espacios a la información; el problema es que ya no son ellos los únicos con derecho y autoridad para opinar acerca de los temas. La gente, entre la gente misma, va forjando sus criterios y compartiendo, enriqueciendo las discusiones de manera más cercana unidos por este puente interactivo que genera medios de comunicación. Internet no es el medio, es su materia prima. Del mismo modo, iremos viendo paulatinamente disminuir la participación de los columnistas en el liderazgo de la opinión pública toda vez que más gente cuente con acceso a la red, y quienes no lo tengan, por decisión propia o porque no cuentan con los recursos para ello, no quedarán a la saga de los acontecimientos, ya que contarán con conocidos que lo tengan y la información no será privativa de los usuarios de internet. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Las redes sociales son ese poder y la responsabilidad es hacia quienes no acceden a ellas. Se trata de nutrir opiniones entre unos y otros para no cometer los errores de los tradicionales medios de comunicación que se erigieron como dirigentes unívocos de la opinión pública. La población digital irá separando, decidiendo quiénes permanecen y quiénes no como líderes de opinión. Y cuando exista la censura en radio o TV tradicionales, aquellos podrán contar con un espacio en la red para hablar, escribir, cantar, pintar o cualquier otra forma de expresión. La única censura o una de las pocas censuras en la red, es la que dicta la misma población digital.

Si bien es cierto que aún hoy aquello que es noticia depende de los medios tradicionales para ser tal, poco a poco la población digital adquiere madurez para reconocer cuando una noticia tiene un sesgo, una intención e incluso puede percatarse de dónde y por qué es noticia lo que se presenta como tal. Los temas de qué hablar son muchos y de acuerdo a las capacidades críticas de la población digital (la crítica es un músculo que debe ejercitarse todos los días) se fijarán posturas en torno a éstos. Siempre habrá quien intente encaminar los juicios o las opiniones de la población y depende de ella contar con los instrumentos que le permitan reconocer qué hay detrás de esos temas que se presentan y cómo se presentan, por qué.

Hace poco Emilio Azcárraga, presidente de Televisa, preguntó en su twitter qué opinaban acerca de las cifras millonarias con que se evaluó a las dos redes sociales más importantes hoy por hoy. Las valuaciones eran de  exorbitantes sumas de dinero y lo único que se ocurrió respoderle a su petición de conocer nuestra opinión al respecto, fue que esas sumas de dinero significaban sólo una cosa, que los “periodistas” de Televisa matarán de hambre al hijo de El Tigre. Poco falta para que las acciones de esa y otras empresas del ramo comiencen a depreciarse, quizá cuando facebook o teitter decidan cotizar en la bolsa. Aunque quizá a estos espacios no les interese acceder a esos mecanismos de crecimientos pues hasta ahora se han mantenido con publicidad pagada en sus espacios y lo han hecho bastante bien.

Asistimos a una época en la que los medios de comunicación tradicionales comienzan a recibir los embates que ya han caído sobre las instituciones del Estado Moderno y habrá que ver cuál es el comportamiento durante los próximos cincuenta años entre televidentes tradicionales y nativos digitales.

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Carmen Aristegui, por si fuera poco

El domingo cerró con una noticia que alarmó a la gente que es seguidora de noticiarios críticos, periodistas que hacen lo que pueden en un marco muy acotado y que impide el ejercicio pleno de toda actividad que implique el acto de pensar, de remover conciencias o no aceptar de manera irrestricta, los argumentos-propaganda de un gobierno que se ha obstinado en disfrazar de loable lucha nacional, rencillas particulares con poderes ilícitos, además de amedrentar, reprimir y mofarse de las recriminaciones que como a ningún otro presidente, han caído sobre él, en voz de personajes tan distintos entre sí pero que reconocen, no en la figura, sino en quien la ocupa, un presidente tibio, débil y poco sincero. Nadie puede olvidar a ese joven de excelencia académica que hace algunos años le lanzó un grito a Calderón a la voz de “espurio” y tampoco la mente puede olvidar a la madre que con la voz quebrada le exigía justicia, toda vez de preguntarle al interpelado si conocía cuál era el significado de esa palabra apropósito de lo ocurrido en la guardería ABC. Lo cierto es que el presidente ha rehuido a la confrontación y ha preferido escudarse en anuncios pagados en TV y muy evidentes concesiones televisivas en espacios noticiosos de gran audiencia.

Pero nadie puede tapar el Sol con un dedo. No se necesita ser un experto para darse cuenta de que la gestión de este presidente ha sido la que más ha golpeado a la población mexicana que no goza de formar parte del 1% que es dueña del PIB. Y exageré con mi porcentaje… son menos. Millones de jóvenes orillados a sobrevivir en las condiciones más inhumanas que provee el crimen organizado ilegal, que los utiliza como carne de cañón, pañuelos desechables, bestias de carga y gallos desnutridos de pelea. Millones de jóvenes que ven en la economía formal un lastre innecesario que los hace tomar la decisión de no estudiar ni trabajar en el sector formal. A esto hay que agregarle la escalada de violación a los trabajadores mexicanos que como quiera que fueren, no merecieron ser despojados de sus fuentes de empleo y menos bajo los argumentos que esgrimió tu presidencia. Tú eres más caro que muchos de ellos y los resultados que ofreces son un saldo negativo para el país.

Una ley que pretende aniquilar el carácter público y nacional de la cultura y la educación para que sean fuente de enriquecimiento ilícito de poco y la disminución intelectual de millones y millones no es cosa que sea fácil de soslayar. Y que le faltes el respeto a todos y cada uno de los artículos consagrados en nuestra Constitución Política, no te deja bien librado en temas religiosos, de soberanía y libertad de expresión. No es casualidad que México sea el segundo país más peligroso para ejercer el periodismo y eso porque los periodistas cuentan con los instrumentos para medir estas cifras, pero qué me dices de intelectuales y artistas, estudiantes y profesionales que son asesinados en “accidentes” y otros lamentables sucesos.

Y de 2006 ni hablamos porque pese a las pruebas en tu contra ya estás ahí y ante eso parece ser que poco se puede hacer. Pero el poder ciudadano ya no es como hace 20 años, cuando bastaba con un mensaje presidencial para acallar mil voces; ya no estamos, para tu desgracia, en la época en que la represión hostil era el pan de cada día y pese a los intentos de los tuyos por embrutecer a la población, no bastan teletones, academias, ni telenovelas para vendar, diría arrancarle ojos y oídos a la población mexicana.

Pero por si fuera poco, estás enfermo y no puedes, como adicto que eres, conllevar más tu adicción. Nosotros no tendríamos nada contra tu gusto por beber, es más, muchos aquí bebemos también, pero nosotros no tenemos a nuestro cargo un país, de nosotros no depende el destino de un pueblo. Tu alcoholismo es la cereza del pastel que tú mismo has horneado. A nadie le importaría tu alcoholismo si tu gestión opacara ese detalle con acciones dignas del país que encabezas en el puesto que ocupas. Pero para una población golpeada por tus actos, la develación de tu alcoholismo es el tiro de gracia que necesitaban asestarte para terminar de una vez por todas, deslegitimándote en todos los aspectos de tu humanidad, es decir, en tu labor y ahora, por si fuera poco, en tu persona.

Con todo cariño,

A Carmen Aristegui.