El presidente de los libros

Hace un año Peña no podía citar tres libros cuando un reportero le preguntó cuáles eran aquellos que habían marcado su vida personal y política, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El entonces candidato presidencial se convirtió en la comidilla de las redes sociales y el HT #LibreríaPeñaNieto logó mostrar la creatividad sarcástica nacional con ejercicios humorísticos de una exquisitez inmaculada.

Hoy ya es presidente de México y mientras se llevaba a cabo la ceremonia de toma de posesión, afuera del recinto se desenvolvía una batalla campal entre fuerzas del ejército que disparaban balas de goma y manifestantes que lanzaban bombas caseras a los uniformados. La escena, más que violenta se prestaba para reconocer la teatralidad de ambos escenarios. Adentro un hombre inculto tomaba el poder de un país y juraba defender al país “y si así no lo hiciere que la nación me lo demande”, decía. Los allegados, beneficiarios directos, y quizá únicos de su llegada a la presidencia, le aplaudían enardecidos como fanáticas adolescentes en concierto de Justin Bieber. Afuera, la goma y las artesanías bélicas eran la utilería de una puesta en escena muy mexicana: de bajo presupuesto.

Sin embargo, el mensaje estaba dicho desde aquel fatídico día en el que nuestro presidente dijo que la Biblia, no toda desde luego, había formado parte de sus inspiraciones literarias. Hay dos lecturas.

1.-La ingenuidad peculiar de los manifestantes, cuyo objetivo no quedó claro. Quizá no lo tenían y probablemente no importaba. Ese tipo de manifestaciones por lo regular son momentos catárticos, expiatorios, mediante los cuales el manifestante libera un sentir que de permanecer dentro puede colapsarlo. Por desgracia, y no es para menos, esta ingenuidad les costó muy cara. En México, cuando oigo que hay marchas, no puedo olvidar el caso de aquel hombre frustrado que abrió fuego en el Metro de la Ciudad de México. En su desesperación porque el país se derrumbaba, llevaba consigo una carta para Felipe Calderón y escribió consignas en las paredes de las intalaciones del transporte público en cuestión. Su coraje e impotencia nublaron su entendimiento. Lo mismo sucedió con los manifestantes afuera de la Cámara de diputados. Lamentablemente comprensible que la gente en su angustia ante el descaro de las huestes del PRI que aplauden su propia desgracia y que con soberbia dicen “holgazanes, bárbaros, vándalos, lo que hicieron los manifestantes esta mañana es un acto cobarde y fuera de una verdadera libertad de expresión. Ojalá se castigue con todo el peso de la ley a esa gente nefasta” etcétera, una de las reacciones puede ser la que vimos.

¿Qué es la violencia de unos cuantos en las calles comparada con la violencia cotidiana ue simplemente aceptamos para que las cosas sigan como están?
Cuando hablamos de violencia siempre pensamos en actos que interrumpen el flujo normal de las cosas pero ¿qué hay de la violencia que tiene que existir aquí para que las cosas funcionen en la forma en que lo hacen?
La violencia ciudadana es una reacción a una violencia mucho más fuerte que ya está aquí. Baso este comentario en un video de YouTube donde Zizek habla de terrorismo acerca de lo sucedido con Wikileaks y Julian Assange.

2.- Uno de los estandartes de la cultura, del pensamiento y la civilización humana, un logro que marcó el fin de una era y el comienzo de una nueva es la aparición del libro.  La ausencia de lectura en el ciudadano común es hasta comprensible, dado que las condiciones laborales enla actualidad, dejan poco rango de posibilidades a actividades que no tengan que ver con lo estrictamente laboral y lo más estrictamente banal en aras de olvidar, siquiera por un domingo a mediodía, la jornada de trabajo. Pero cuando hablamos de figuras públicas y en específico de aquellos que tienen a su cargo el gobierno de un país, el tema cobra una singular importancia. Ya los grigos sabían que una de las características indispensables de un gobernante era el autogobierno, es decir, la capacidad de nutrirse y desarrollarse a sí mismo de todo aquel aspirante a ocupar un puesto directivo. Leer sí es necesario para gobernar, no por el acto de leer en sí, sino porque es un indicio de las aptitudes y la idoneidad de un sujeto para poder sostenerse en el cargo que ocupa. La lectura no sólo es un hábito para el propio cultivo, sino una práctica que deben tener los gobernantes pues se supone que estos deben ser los más aptos, los mejor calificados. Incluso los priístas de a pie no cesan, no han cesado nunca, de menospreciar a las clases populares desde su manera de hablar y hasta cómo visten y se escandalizan por ejemplo, cuando un indígena asume la presidencia de Ecuador. Lo tachan de salvaje, naco, indio y mugroso. El PRI se convirtió en el partido de los licenciados, de los trajes, aunque fueran de poliéster y los trajes sastres también de poliéster que imperaron en las oficinas de gobierno durante más de 70 años. Y ese ha sido el progreso que han defendido, un progreso y una cultura tipo Ray Conniff. Como dice Astrid Hadad: “clase media de corazón”.

Una reportera dijo en aquella ocasión que para gobernar no se necesita leer, lo que ya dejaba ver el mensaje implícito tras el regreso del PRI al poder. Un elemento estará ausente en este gobierno: la cultura, la civilidad. Si el actual presidente no pudo citar tres libros y para gobernar no es necesario leer y leer es un signo de cultura, entonces el primitivismo y la barbarie serán las constantes en la actual administración; lo vimos el día 1 del gobierno de Peña Nieto y así serán los próximos seis años. Usted y yo lo sabemos, ellos lo saben. Tome sus precauciones.

síprotesto

 

La música pop y el activismo gay

Judy Garland, sin ser una cantante de música pop, o al menos como hoy lo conocemos, cautivó a tal grado el gusto de los homosexuales en Estados Unidos, que su muerte y la redada en un bar donde se conmemoraba el acto luctuoso, fue motivo suficiente para desatar el movimiento social más difundido en el mundo. La marcha del orgullo gay es el evento que quizá concurra a mayor número de asistentes en todo el mundo y se lleva a cabo el mismo día en distintas ciudades y en países diversos.

Desde sus inicios, el movimiento del orgullo gay, que ahora también cobija a distintas identidades de género y orientaciones sexuales, fue marcado por la música popular, sentimental, cuya letra no sólo tenía una recepción intimista, sino que reflejaba el clamor de esos homosexuales criminalizados por los últimos tres modos de producción en Occidente: feudalismo, socialismo y capitalismo, con todo lo que ello implica para la construcción simbólica del sujeto y que aún hoy causa estragos insospechados incluso por las instituciones dedicadas al bienestar del sujeto.

En este contexto, la música pop ocupó el lugar de la voz del clóset. Música de letras sencillas y ritmos que oscilan entre el dramatismo de la balada y la victoria del ritmo enérgico de muchos de sus exponentes como Madonna, Britney Spears, Lady Gaga y en el pop hispanohablante a cantantes como Thalía, Mónica Naranjo, Paulina Rubio, Ricky Martin, entre otros muchos.

La música pop es un género expiatorio mediante el cual el homosexual expresa aquello que no pude hacer de manera normal, como el resto de la sociedad. El éxito de este género musical entre un número significativo de homosexuales, aunque sin conocer, pues es prácticamente imposible hacerlo, la proporción respecto al total de homosexuales (sic); ese éxito y la intensidad que lo acompaña, son muestra de que hay algo en ese género que da al homosexual una posibilidad, un acceso a la expresión tanto de sus emociones como de sus ideales.

La industria discográfica, no es casualidad, ha sido la más receptiva hacia este nicho de mercado y aunque con finalidades muy distintas a la de ofrecer un espacio de redención o de derecho a la libertad de expresión homosexual, sino como negocio, la fórmula ha servido para beneficiar a ambos involucrados. Sin embargo, podría decirse que la música pop manipula la voluntad del sujeto envolviéndolo en una esfera abstraída de la realidad social y que impide a éste la toma de una postura ante problemas de primer orden y es verdad. Pero no podemos olvidar que la música pop supone de entrada el reconocimiento de un conflicto que rebasa, como habíamos dicho, el plano íntimo. Hay todo un reconocimiento individualista acerca de la situación actual de la sociedad en el momento en que a la par de las canciones de amor, coexisten las canciones de victoria o superación personal a partir de la superación de los conflictos que tratan de obstruir el éxito del sujeto. La música pop, invariablemente, se basa en estos dos principios para construir las letras y los ritmos de sus canciones. Esta fórmula, que se mueve entre la tristeza por un amor perdido, la añoranza de un amor imposible o la euforia del amor que comienza, sumados al simbolismo del orgullo y la exaltación de virtudes propias, así como la idea de romper y superar toda prueba y todo obstáculo, convierten a la música pop en una especie de anclaje gracias al cual se manifiesta la posibilidad soportar la existencia. El hecho de refugiarse en la música pop para expresar lo que en lo cotidiano es imposible, es ya en sí una prueba de reconocimiento de un conflicto que rebasa la individualidad y que está depositado en lo social. Es verdad que siempre se le ha cantado al amor y al desamor pero un hombre heterosexual no lo hace desde la voz de una cantante mujer de música pop.

Es cierto, sin embargo, que la música pop distrae el sujeto del acontecer político nacional e internacional pero eso no significa que se tenga un desconocimiento de la realidad social. La combinación de ambos simbolismos en el pop: sufrimiento y superación, constituyen la trama de la historia de la homosexualidad a través de los siglos.

En la marcha del orgullo gay ocurre un fenómeno peculiar. Mientras que en países de primer mundo se corona una reina cada año, que generalmente es una cantante de música pop, además de que ese día esta figura da un concierto abierto, en la Ciudad de México varios grupos de activistas se oponen a la existencia de esta figura y de la presencia de cantantes de este género bajo el argumento de que esas cantantes sólo viven de los homosexuales admiradores y no hacen un trabajo efectivo a favor de los derechos humanos de esta minoría. Puede que sea cierto, pero la relación entre cantante y admirador es exactamente la misma. La cantante utiliza al admirador para hacer negocio y el admirador utiliza a la cantante para expresarse. En el momento en que alguno de los dos infringe las “leyes del contrato”, éste se da por terminado mediante el olvido. La cantante se retirará y el admirador encontrará otra cantante o grupo al cual admirar. Hasta entonces la tarea se cumple: el homosexual acoge a la cantante de música pop en tanto médium. La crítica, más que hacerse a la música pop, se sugiere, debería hacerse a ese tipo de activismo que no conmueve ni convoca a las masas en torno a una causa digna de su seguimiento. La pregunta es, en fin, hacia dónde puede transitar el activismo para formar homosexuales capaces de comprender el sentido de la causa, y de hecho apostar por ella, dentro de una sociedad basada en la seducción, el hedonismo y la libertad individual.

Gay o no gay. La culturización de la política. La teoría queer al cadalso

El traje nuevo del rey…

Sumado al desprecio por la macha del orgullo, como una expresión anquilosada, que además no refleja la nueva homosexualidad en la sociedad de consumo, e incluso no representa a muchos homosexuales, nos encontramos con que muchos homosexuales consideran que defender la homosexualidad es una causa infructuosa, es decir, que pareciera no tener importancia pues ellos mismos suponen que la lucha de la marcha, por ejemplo, reduce la homosexualidad a su genitalidad. La excesiva carga sexual que envuelve a la marcha del orgullo ha provocado reacciones adversas de hombres y mujeres homosexuales que pugnan por la desestigmatización de la homosexualidad como promiscuidad, que a su parecer, es reflejada de manera grotesca durante esta manifestación.

El rechazo a la marcha es también el rechazo a la concepción de una homosexualidad superficial que pareciera importarle sólo el sexo, las compras, fiestas, drogas y el cuidado personal. Para estos homosexuales, la marcha representa todo aquello que deberíamos rebasar en pos de una inclusión efectiva. Así pues, en realidad no se hace un rechazo a la marcha como tal, sino al concepto y la simbología que acompaña al término. Pero no se trata de un repudio a la homosexualidad, y quizá en última instancia tampoco se trate de un rechazo a lo gay, al gay life style del que ya hemos hablado, sino más bien se busca erradicar esos aspectos negativos a una homosexualidad que busca ser participativa de las sociedades de consumo.

Estos homosexuales lo que buscan es exaltar su orientación sexual y por encima de ella, el gay life style como un elemento implicado en el desarrollo del capitalismo, uno de sus motores. Al respecto se ha escrito ya literatura que menciona, por ejemplo, cómo los homosexuales salvaron a la sociedad estadounidense[1]. Ahora, mediante la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo, cada vez más creciente en países de todo el mundo, se abre la puerta para exigir la participación de los homosexuales en la vida económica del planeta a través de la inclusión de campañas publicitarias, productos, servicios y atención especial a los nichos de mercado LGBT que representan ya en sí, una parte muy importante de las economías mundiales. En México, la derrama económica de este segmento deja ganancias superiores a los 5,000 millones de dólares al año, cifra nada despreciable. Según una publicación que aparece citada  la nota en el diario mexicano El Financiero, los homosexuales son más proclives a superarse en cuanto a su imagen y nivel de vida, acuden a más eventos culturales, comen más en restaurantes, están más al tanto de la moda, marcan tendencias y viajan con mayor frecuencia al extranjero [2]. Los homosexuales son considerados una variante del consumidor del siglo XXI, un impulsor emergente de la economía global. Sin embargo, este fenómeno ha provocado que se construya un tipo ideal de homosexual, un modelo aspiracional, término publicitario, que acapare los esfuerzos del homosexual de a pie para ser alcanzado.

La participación activa de los homosexuales en la industria turística a nivel mundial, empuja a gobiernos locales y nacionales, a generar políticas públicas de inclusión y defensa de derechos de este segmento. La derrama multimillonaria que dejan los homosexuales en los países que visitan, es un atractivo para las economías de muchos países desarrollados y en vías de desarrollo. De acuerdo con la nota, Alfonso Barquín, presidente de la agencia Global Travel Reps, este segmento siempre viaja, a pesar de recesiones, lo que supone ya una tendencia hacia el hedonismo propio de la sociedad de consumo y que es aprovechado por este sujeto antes condenado al silencio. En una nota del diario Excélsior, una reportera entrevista a una mujer homosexual, la cual hace mención de las ventajas del mercado LGBT y remata con una frase que contiene el discurso al que apelan los detractores de la marcha y los defensores del matrimonio entre personas del mismo sexo y el pink market; dice: “En otros países hay pueblos dedicados a ese negocio,  hay muchos lugares como Canadá donde hay hoteles gay, bodas gay, es todo tan gay… Es gay con clase, no de carnaval”[3]. La contención, la mesura, el desdibujamiento no del presunto carácter festivo del homosexual, sino la adecuación, adaptación y la instrucción simbólica, el adiestramiento hacia la nueva homosexualidad en el capitalismo. No es instruir de manera directa, sino dirigir mediante la seducción.

Sin embargo, es preciso reconocer que el rechazo a la marcha, a la homosexualidad no sujeta a la moral capitalista de los placeres ordenados, es una postura política a favor de la ciudadanía participativa del modelo liberal de las sociedades actuales. No es la búsqueda de La inclusión social, sino la búsqueda de la inclusión a Esta sociedad, con sus normas y propósitos. Estamos ante la anulación del conflicto en pos de la participación colectiva de los homosexuales en la sociedad liberal. Para éstos, no hay más hostilidad por parte de la sociedad dada la pujante inclusión que gozan gracias a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, el ofrecimiento de bienes y servicios especializados, producto del auge del mercado rosa, así como de políticas públicas y tolerancia en sectores bien definidos como barrios gays, la moda, el arte, la publicidad y en menor medida los ambientes universitarios, que contrario a lo que se creería, son espacios donde la homofobia está presente y no en grados mínimos.

Esta etapa del capitalismo busca desvanecer al sujeto para hacer posible su libre elección y la tolerante multiculturalidad. Es el extrañamiento de un mundo de vida particular, es un ser arrancado de sus propias raíces. Se dirá que dejar a un lado la homosexualidad es el ideal de toda lucha homosexual, para así, crear y formar parte de una sociedad más justa, como menciona la teoría queer cuando hace una crítica a lo gay para dar paso a distintas identidades y clasificaciones que nacen y se agotan a partir de la relación genitalista del sujeto; no obstante, el problema es que no se busca erradicar la homosexualidad como si se tratase del Muro de Berlín, sino de anular todos los rasgos que acompañan a ese sujeto que es homosexual; es decir, con raíces no se hace referencia a su homosexualidad, sino a su procedencia, su historia de vida, su condición económica; en una palabra, religión, color: su clase social. No es lo mismo formar parte de los homosexuales derechohabientes del liberalismo cuando se es publicista blanco en Nueva York, Estados Unidos, que cuando se es estilista transexual en un barrio pobre de Lima, Perú. Y podría decirse que no importa qué se pierda o qué se haga a un lado en pos de la sociedad multicultural, ya que ésta es proveedora de derechos: igualdad y libertad, pero olvidamos que en realidad no se trata de una discusión que esté al nivel de la cultura, sino a nivel de la política. Esa supresión, más bien, Esta abolición de Esa homosexualidad tiene como objetivo no manifiesto sumar afiliados al proyecto capitalista de una sociedad global, con las ya sabidas consecuencias que ello implica. Cuando hablamos de abolición de la homosexualidad en pos de una sociedad tolerante e incluyente, en realidad lo que se busca es participar, ¡como ciudadano! De las actuales formas de explotación, racismo y devastación planetaria.

La refutación a este argumento es que aún sin la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo y el descubrimiento del llamado mercado rosa, los homosexuales participan, como cualquier otro, en los procesos de dominación y de producción capitalistas. Sin embargo, es preciso recordar que existe una diferencia sustancial entre participar de ello como parte de una formación del sujeto, es decir, porque nació en una sociedad capitalista y es lo único que conoce o aún cuando hubiera nacido en un país socialista y conozca de capitalismo por la televisión estadounidense o los turistas extranjeros, por un lado; y por el otro, asumir un papel de impulsor no sólo de estos procesos, sino de la artillería fetichista y alienante del capitalismo. Y ni siquiera el sujeto reconoce su participación activa como promotor del modo de producción capitalista; él simplemente está a favor de una sociedad más tolerante, incluyente y que brinde mayores oportunidades; el sujeto piensa en una sociedad multicultural. Para Slavoj Žižek, el sujeto libre de elección, en su tolerante y multicultural significado occidental, puede surgir sólo como resultado de un violento proceso de extrañamiento de un mundo de vida particular, de un ser arrancado de las propias raíces[4]. Desde luego, no es que las categorías homosexual y gay sean consideradas aquí como rasgos culturales, sino que debe comprenderse que es desde esta particularidad de un sujeto, de la que se quiere partir para buscar la anulación del conflicto real y esterilizar cualquier posibilidad de reconocimiento de éste mediante la culturalización de la política, que tiene como objetivo legitimar los procesos capitalistas de explotación, tales como las reformas laborales, la minería a cielo abierto, el avance de las manchas urbanas, el desarrollo tecnológico y otras.

Cuando un homosexual se deslinda de ser considerado como gay u homosexual, puede que él suponga que no quiere ser relacionado con los referentes simbólicos que están alrededor de ambos conceptos para hacer evidente que la discriminación no debería recaer en él pues es un hombre o mujer productivos, responsable, sin vicios y otros talentos. Y esa consideración no supone, desde luego, que el sujeto forme parte de algún plan macabro, ¡una conspiración!, para dominar el mundo. Tampoco es considerar esos referentes como una oposición a las mencionadas relaciones de explotación. El juego de este concreto radica en cuáles son los componentes atravesados por los discursos de poder que en algún momento tienen como resultado la consolidación del poder capitalista.


[1] Cathy Crimmins, Cómo los homosexuales salvaron al mundo, México, Diana, 2007.

[2] Diario El Financiero, Nota del día 6 de agosto de 2012. http://www.elfinanciero.com.mx/item/32780/26

[4]Slavoj Žižek, Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales, Buenos Aires, Paidós, 2009, p 176.

La chica del clima

Cielo nublado, despejado o medio nublado; temperaturas máximas que oscilan entre tanto y tanto; humedad de cualquier porciento y probabilidad de lluvia de otra cifra cualquiera. La chica del clima se ha convertido en la sacerdotiza a la que se le revela el futuro, la palabra del mundo, el vaticinio de la desgracia. Para la sociedad transgénica el clima perfecto sería que no hubiera clima o mejor aún, que como con los semáforos, se le diera luz verde o roja al calor, el viento, la lluvia o el frío. Y es que en efecto, en las grandes ciudades, y ahora también parece ser que en las pequeñas, aspiracionales localidades donde tráfico vehicular intenso significa media hora o una hora de retraso; en fin, en las grandes ciudades, el clima no sirve para nada, no tiene sentido, lógica, motivo, razón de existir. Salvo cuando incomoda, muy pero muy pocas veces se hace referencia a él, pues de tornarse molesto puede ocupar el papel central en las pláticas de café de cualquier banqueta.

Es de suponer que el clima sea inútil en las grandes ciudades porque en verdad éstas no requieren de él para subsistir, y he ahí, en este hecho, depositada toda la arqueología de nuestro pensamiento moderno: la ciudad capitalista fue creada de tal modo que no necesita frío, lluvia, viento o calorPara contrarrestar las contrariedades del clima, existen los climas artificiales de autos y edificios. Pero tampoco la estandarización de un clima ideal, es decir, la repetición sin cesar del mismo tipo de clima aliviaría a la ciudad de la tragedia de convivir. Sabido es que en los países donde el clima es cuasi unívico o peor aún, cuando el día o la noche imperan sobre su par, son lugares desquiciantes por su monotonía, como cuando los conductores mueren al dormirse en carretera, porque ésta no tiene curvas; una traza recta para una carretera de largo trayecto hipnotiza o vaya usted a saber qué provoca, que muchos conductores se quedan dormidos, lo que ocasiona un sin número de accidentes.

Entonces, si bien el clima no es útil en las grandes ciudades, sí tiene al menos una función: recodarle a la gente que está viva, lo que en principio está bien, pero dadas las condiciones actuales del mundo, podría ser considerado un acto terrorista, considerando al terrorismo, desde la perspectiva de Slavoj Zizek (disculpen que no coloque sobre las Z, su putuación correcta pero no sé cómo hacerlo), como la interrupción del orden normal de las cosas. Seguramente la ciencia y la tecnología de hoy se preparan para jugar el rol de policía del clima para su futuro, quizá cercano, encarcelamiento.

Esto me recuerda otra serie de estudios, como los de sismología o vulcanología; en fin, tantos y tantos otros respecto a la tierra, el cuerpo humano y la mente de éste. Pero tranquilos, todo está bien mientras tengamos alimentos orgánicos en la mesa y los homosexuales se puedan casar…

Una defensoría involuntaria y no académica de la música POP

Nadie resiste una faena larga, los obreros y campesinos que trabajan más de 16 horas seguidas diarias o peor aún, los oficinistas (varios) que laboran durante periodos de tiempo similares, a la larga, y no tanto (sin albur), comienzan a presentar trastornos diversos, desde mareos hasta enfermedades físicas y mentales; algunos, los más dramáticos, incluso se desmayan o caen postrados en la cama de los chiqueos y apapachos. Es comprensible, el cuerpo humano no fue diseñado para tales labriegos, no por holganza, sino por defectos de fábrica. Si consideramos que las horas de sueño que requiere el cuerpo para reponer las energías gastadas durante la vigilia son mínimo siete (mismas que considero demasiadas), sólo quedaría una hora para transportarse, comer cinco veces al día (recomendadísimo con una dieta sabrosa y nutritiva), ver la telenovela, noticiario o programa unitario cualquiera que la televisión ofrezca y para llevar a cabo las diversas tareas que el organismo requiere para recordarnos que formamos parte de la naturaleza por muchas que sean nuestras pretensiones wannabes de robot o accesorio de un “smart phone”, entonces alguien debe ceder, entre el trabajo y el sueño, un poco de su tiempo, y si consideramos que en esta sociedad vulgar se privilegia el escándalo de lo perecedero por encima de la discreción trascendental, entonces el sueño y otras actividades de hedonismo digno tendrán que sacrificarse para poder presumir a gusto cuanto colguije o chunche se pueda uno colgar, como si en lugar de personas fuéramos aparadores o percheros.

Situación similar viven los pensadores y artistas, principalmente los de izquierda, que aunque parezca pleonasmo, a veces pareciera que no lo es tanto. Oh sí, recién he descubierto que en la derecha hay pensadores o por lo menos gente que hace su luchita, eso sí, de manera muy digna y respetable. En fin, el chiste es que estas personas dedican básicamente todo su día (estado de vigilia) a pensar y sentir en torno a su práctica o con base en ella, acerca de los fenómenos más epifenoménicos y postivisitamente más insignificantes posibles. Apuntes aquí y allá, caras reflexivas o gestos de un placer delirante en soliloquio e incluso hablando solos, todos estos personajes se pasan el día entero sobre explotando su cerebro aunque muchas veces tal exceso no lleve a algo concreto o siquiera vislumbren aterrizarlo. El asunto es que todos necesitan una tregua, un momento para dejar en ceros al cerebro o al cuerpo, algunos durmiendo pero otros tantos viendo lo que se transmite por TV; de lo que se trata es de mover el cuerpo y las hormonas lo menos posible. Y es precisamente cuando uno comienza a tomarle gusto al pop en todas sus manifestaciones, desde las pretendidas y autonombradas artes, hasta su versión más democrática: la música de esta muy corriente musical. Si consideramos que para disfrutar de este sensible género es preciso entrar en estado de trance muy al estilo de las drogadicción sintética combinada con la personalidad de algún personaje de la caricatura japonesa más actual y con una pizca de riqueza intelectual de supermercado, tipo libro de autoayuda o sexología, best seller gringo o novela histórica mexicana taquillera para los más profundos, entonces estaremos disfrutando de las mieles del pop, un recurso a veces necesario e incluso satisfactorio como esos tres tacos extras de suadero, un san lunes, un litro de helado de su sabor favorito o un grito de gol. Hasta en las guerras más cruentas es necesaria una tregua, un descansito, una fiesta barata; en fin, una ocasión para mandar todo a la Chingona (en palabras de Margo Glantz).

Y es precisamente cuando como caído del cielo, como epifanía o jinete del Apocalipsis, llega a nosotros gracias a su aplastante masificación, toda la artillería del género musical llamado pop para coadyuvarnos en ese desmayo simbólico del pensamiento. Ejercicio riquísimo y por demás satisfactorio. Sin ánimos de ofender a quienes se suscriben al gusto por este género musical, sino más bien reconociéndoles mediante este homenaje su agrado y aplaudiendo la existencia del mismo, lo que aquí se busca es no pedirle peras al olmo ni tres pies a la Gaga; si bien es cierto que el pop existe por ser un dispositivo de poder, también debemos reconocer que hay algo del goce en él, un goce accesible muy agradable cuando le hallas el chiste. El verdadero crítico teoriza, no sataniza. Claro que sin un cultivo del ser se corre el riesgo de convertirse en fan obsesivo de algún cantante o grupo pero esta situación no es relativa sólo a este género en particular; la única diferencia entre lo llamado alternativo y el pop es el número de suscriptores. Todos saben que algo deja de ser “alternativamente” atractivo cuando comienza a democratizarse y no es para menos, la “gente pop” se rige por cánones sencillos. Y créeme, corear una canción de estas e incluso bailarla no provocará una diáspora cognitiva de tu cerebro, te lo garantizo, claro, siempre y cuando tus fundamentos teóricos se encuentre tan bien cimentados que una triste sacudida popera no los derribe; quizá por ahí va lo del miedo o fobia al pop, porque puede ser que ponga en tela de juicio la solidez de tus conocimientos tal y como sucede con el machismo y la homofobia. Todos sabemos que ese temor-odio se debe a que expone la fragilidad de una supuesta heterosexualidad defendida a ultranza que no resiste nada, ni siquiera el acto natural de que un hombre al que le gustan los hombres te volteé a ver porque le gustaste. La homofobia es el miedo al gusto y el odio a saber que lo que se ha creído que se es ha sido un engaño de toda la vida. Así que aquí sólo hay de dos sopas, escuchar música pop o jotear… cuál prefiere.

P.D.: No le pidas al pop lo que deberías hacer tú.

Horario de verano

El país amaneció con nuevo horario y hasta la fecha la gente no ve un ahorro digno de ser aplaudido en sus recibos de “luz”. Si tomamos en cuenta que en la región central del país ya no contamos con el servicio de la LyFC y ahora inexplicablemente pagamos cantidades estratosféricas (en comparación lo que se pagaba antes) en manos de la nueva compañía. El chiste es que las cifras oficiales anuncian un ahorro impresionante de energía eléctrica, lo que me hace dudar, ya de entrada, del despojo que hicieron al DF de su compañía de luz. Si el ahorro es tal, entonces el gasto subsidiario en energía eléctrica también debió representar un ahorro importante para las arcas de la nación, ¿o no? Yo no soy defensor de ese sindicato porque cómo le explico que seguramente de ese ahorro algo se habrían quedado sus líderes. Lo que sorprende es que el recibo de pago no presente ese tan anunciado ahorro.

Otra verdura más para el caldo, es la lógica. ¿Los días duran más en el periodo que dura el horario de verano? El argumento es que sí y que por eso se adelanta el reloj una hora, para aprovechar más la luz del día… ¿O sea que si no se adelanta no se aprovecha? Si mantuviéramos el antiguo horario, ¿seguiríamos encendiendo los focos a la misma hora aunque aún contáramos con los favores luminosos del astro rey? ¿O se amplía tanto el tiempo de luz del Sol que alcanza para una hora más en la tarde y no quitarle una hora a las primeras horas dele día? Se esperaría que aún con el cambio de horario siguiera amaneciendo a la misma hora para que entonces sí habláramos de un ahorro de energía, no sólo porque anochezca más tarde. Porque de no ser así, entonces quienes se ahorrarían algo serían los rateros, que aprovecharían la hora de penumbra de verano matutino para llevar a cabo su labor de manera más idónea. Si bien es cierto que nos quitaron una hora de nuestro tiempo, también lo es que, pese a las cifras oficiales, como ya lo dijo el viejo y conocido refrán, “no por tanto madrugar, amanece más temprano”.

San lunes, la libertad de Christian Chávez

Hermoso, simplemente maravilloso. El nuevo video de Christian Chávez, que nos da un respiro a todos los homosexuales del mundo, llega en el momento preciso, justo cuando este sector de la población requería una figura de liderazgo, compromiso y entrega con la noble causa de defender a un grupo vapuleado por milenios y cuyo golpe más reciente a su integridad corrió a cargo del gobierno del Distrito Federal cuando decidió cerrar a las 22:00horas los tres últimos vagones de todos los trenes del Metro para que esos sodomitas del mal no hicieran lo que todos hacen (homosexuales o no) en cualquier espacio público, a cualquier hora del día. Sería muy tonto creer que la carga erótica que pudiera tener para algún enfermo la oficina de Marcelo no lo llevara a tener la idea de cometer en el escritorio algún acto rijoso. Cada quien…

El chiste es que justo cuando un grupo de activistas logró la legalización del matrimonio entre parejas homosexuales y su posibilidad de adoptar hijos, llega Christian Chávez gritando a los cuatro vientos que ya no hay nada que confesar y que está cansad@ de pedir perdón. ¡Bárbaro, lapidario! El señor me recordó a las mejores frases, las más dramáticas de doña Yolanda Vargas Dulché y sus novelas que desbordantes de sensibilidad lacrimosa fueron galardonadas por la televisión mexicana a la que le dio muchas de sus mejores telenovelas. El caso particular es de llamar la atención porque como ya bien saben los teóricos más rigurosos, el matrimonio representa una especie de contención e incluso una atadura muy disimulada cuyos efectos pueden ser benéficos para los contrayentes en cuestión de certidumbre, por lo menos legal, y si es posible también de un anhelo de fidelidad. En fin, resulta que al matrimonio se le opone ahora el anhelo de un cantante que reclama su libertad sin restricciones como lo único que quiere, con la venia de las luchadoras incansables Anahí y Amandititita. La libertad del individuo por encima del sometimiento a una relación “estable de matrimonio”. Esta lectura no es evidente, sino que está implícita y se obtiene de hacer un análisis discursivo de la obra que el video nos ofrece.

El video nos muestra a un sujeto que entra a un bar y de inmediato es seducido por las mieles de esa peculiar libertad festiva pero que gracias a las tonalidades ocres y obscuras propias del lugar y enfatizadas por las prendas que a veces hacen juego con estos significantes subterráneos propios de bares clandestinos y en ocasiones de una luminosidad sofisticada, llenos de brillantes, joyas, pieles y demás elementos que además de glamour se mezclan con un el erotismo significante de la ropa rasgada, vestidos de cuero con accesorios de picos y demás. Los juegos de luces, naturales de un antro, al ser intrépidos, incesantes y rápidos, envuelven en una atmósfera vertiginosa, en la que el sujeto en cuestión es transportado por lógica a un microcosmos eufórico en el que se da rienda suelta a lo prohibido por las autoridades clericales más conocidas del orbe. ¿Pero es libertad hacer lo opuesto a lo que dictan las leyes de alguna religión o sólo se trata de una liberación superficial con respecto a éstas para entrar a otro tipo de yugo: la obligatoriedad de un goce que al ser imperativo deja de ser tal?

“Libertad, yo vivo en libertad, no me voy a frenar, yo busco libertad” es el mantra que repite el cantante para hacer hincapié en su denuncia; la frase es una demanda, una consigna que el autor lanza para tomar una posición ante unas imágenes que a lo largo del video hacen alusión a la represión brutal que vive este sector aquí y en otras partes del mundo, como en Irán. La conjunción de estos dos discursos nos brinda los dos extremos más evidentes de un hecho. Por un lado la barbarie en su máxima expresión y por otro, la utilización de la palabra libertad no como un acto de escapatoria, sino como una diáspora homosexual, huir de la crueldad; en realidad no estamos frente a un acto libertario, sino ante una evasión del hecho. El homosexual emprende un éxodo hacia un territorio, el que sea, que lo saque de su opresión. No se trata de liberarse, sino de huir, buscar un refugio. Propio de nuestros tiempos, se trata de refugiarse en la indiferencia. Gilles Lipovetsky en una de sus obras menciona que cuando todo afuera se derrumba el sujeto ya sólo puede salvarse como individuo. Libertad es entonces una excusa para eludir el problema. El video nos muestra la evocación al acto de inhalar cocaína, usando un polvo brillante que un hombre esparce soplando, sobre el rostro del protagonista provocando en éste una reacción semejante a la del estado de drogadicción. Al tiempo que esto sucede, el cantante entona la frase “… que tengo mil razones para tocar el cielo y gritar libertad…” Tocar el cielo o frases semejantes son muy recurridas dentro del grupo de personas que acuden a las drogas para tener experiencias “extrasensoriales”.

Al final el ambiente es festivo en un ambiente sombrío, que resulta ser el espacio propicio para esa libertad con sabor a renuncia; estamos ante un escenario de la que algunos llaman postmodernidad. Se trata pues de equiparar el abandono y la indiferencia con la libertad. La libertad se vuelve deserción. Desgano e indolencia, tibieza y desinterés. La libertad que ofrece Christian Chávez, al ser una escapatoria, se convierte en un refugio, quizá otro tipo de encierro, un búnker indoloro que desdeña toda impiedad en su contra no haciendo algo para remediarla, sino basándose en el principio de que ante la imposibilidad de forjar un porvenir el sujeto se fuga de la sociedad para salvarse él solo.

Al final el video cae en tierra fértil. Hace mención de un ideal básico: la necesidad de un grupo por librarse de su situación histórica. Se apuesta por la fácil accesibilidad de una acción política: el éxtasis corporal. Se venera a aquellas sustancias que desatan reacciones de extremo placer en el cuerpo. Se vela por la explosión química del cerebro. Se trata de salir corriendo del problema y embarcarse en el navío del arrebato y la euforia como sustitutos de la felicidad.

Y dicho sea de paso, ya vi al señor Chávez como el Hidalgo de Zona Rosa, la Eva Perón de la glorieta de Insurgente o el Che Guevara de los Cabaretitos. Este tipo de activismo siempre es reconfortante para el pensamiento porque da la oportunidad de disfrutar las causas en un ambiente lúdico y por demás ameno. Semejante a una conocida cantante del mismo género, Christian Chávez va con todo con este video para posicionarse como el Lady Gaga de este lado del Río Bravo.

“Li-li-li-liber-ta-ta-ta-ta-tad”