La chica del clima

Cielo nublado, despejado o medio nublado; temperaturas máximas que oscilan entre tanto y tanto; humedad de cualquier porciento y probabilidad de lluvia de otra cifra cualquiera. La chica del clima se ha convertido en la sacerdotiza a la que se le revela el futuro, la palabra del mundo, el vaticinio de la desgracia. Para la sociedad transgénica el clima perfecto sería que no hubiera clima o mejor aún, que como con los semáforos, se le diera luz verde o roja al calor, el viento, la lluvia o el frío. Y es que en efecto, en las grandes ciudades, y ahora también parece ser que en las pequeñas, aspiracionales localidades donde tráfico vehicular intenso significa media hora o una hora de retraso; en fin, en las grandes ciudades, el clima no sirve para nada, no tiene sentido, lógica, motivo, razón de existir. Salvo cuando incomoda, muy pero muy pocas veces se hace referencia a él, pues de tornarse molesto puede ocupar el papel central en las pláticas de café de cualquier banqueta.

Es de suponer que el clima sea inútil en las grandes ciudades porque en verdad éstas no requieren de él para subsistir, y he ahí, en este hecho, depositada toda la arqueología de nuestro pensamiento moderno: la ciudad capitalista fue creada de tal modo que no necesita frío, lluvia, viento o calorPara contrarrestar las contrariedades del clima, existen los climas artificiales de autos y edificios. Pero tampoco la estandarización de un clima ideal, es decir, la repetición sin cesar del mismo tipo de clima aliviaría a la ciudad de la tragedia de convivir. Sabido es que en los países donde el clima es cuasi unívico o peor aún, cuando el día o la noche imperan sobre su par, son lugares desquiciantes por su monotonía, como cuando los conductores mueren al dormirse en carretera, porque ésta no tiene curvas; una traza recta para una carretera de largo trayecto hipnotiza o vaya usted a saber qué provoca, que muchos conductores se quedan dormidos, lo que ocasiona un sin número de accidentes.

Entonces, si bien el clima no es útil en las grandes ciudades, sí tiene al menos una función: recodarle a la gente que está viva, lo que en principio está bien, pero dadas las condiciones actuales del mundo, podría ser considerado un acto terrorista, considerando al terrorismo, desde la perspectiva de Slavoj Zizek (disculpen que no coloque sobre las Z, su putuación correcta pero no sé cómo hacerlo), como la interrupción del orden normal de las cosas. Seguramente la ciencia y la tecnología de hoy se preparan para jugar el rol de policía del clima para su futuro, quizá cercano, encarcelamiento.

Esto me recuerda otra serie de estudios, como los de sismología o vulcanología; en fin, tantos y tantos otros respecto a la tierra, el cuerpo humano y la mente de éste. Pero tranquilos, todo está bien mientras tengamos alimentos orgánicos en la mesa y los homosexuales se puedan casar…

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