Aquí nos tocó beber I

La Ciudad de México, debido a la complejidad y aceleramientos de su oneroso estilo de vida, se ve en la penosa necesidad de contar con recintos donde las multitudes relajen la musculatura y suelten un poco las risas acompañados de una copita, tarro, jarro, vaso, jícara o botella.  Se trata de un espacio para darle gusto al cuerpo antes de comenzar el día o para acabarlo quizá con una sonrisa de oreja a oreja e incluso para dormir mejor, aseguran algunos que para todo mal su remedio es el mezcal, y para todo bien, también.

En la variedad está el gusto y claro, una ciudad como esta, que es sedimento de todas las culturas del mundo, se puede dar el lujo de disponer para sus tensos habitantes una gama nada despreciable de bebidas, que van desde las más antiguas y originarias como el pulque, pasando por las nacionalistas como el mezcal y el tequila, sin por ello menospreciar, sino todo lo contrario, darle la bienvenida con las gargantas abiertas a los vodkas, champagne, whisky y muchas otras importadas, pero también aquellas que encontraron en nuestro país tierra fértil para su producción como la cerveza, dicen que de las mejores del mundo y los vinos, nada despreciables para un paladar gustoso. Los licores locales no se hacen esperar según la región y son tantos como matices y lenguas hay en nuestra nación. Desde un cognac hasta un jerez, aquí por alegría no paramos, y si se trata de alegría o tristeza, los foros están a la orden del día incluso si lo único que se busca es ver y ser visto disfrutando la bebida de moda.

La verdad no podía ser de otra manera, una ciudad como esta requiere artillería pesada en todos los ámbitos del transcurrir cotidiano y la bebida se ha convertido en un salvavidas más que un producto nocivo para la salud. El bebedor alegre no tiene la culpa de que su cuerpo tenga defectos de fábrica que no soporten el ritmo preciso y magistral de la delicada melodía que es el impetuoso acto de beber. La intención al beber, en una ciudad como esta, tiene la función de equilibrar la balanza toda vez que un estilo de vida o las labores exigentes agotan al cuerpo, por lo que es preciso estimularlo, darle ánimos, aplausos, para que se relaje. No olvidemos que el estrés tensa los músculos y una copita puede contribuir a suavizar las carnes y los ánimos.

Hay que decirlo, las bebidas alcohólicas no tienen la culpa de nada, es el sentido que se le de al acto de ingerirlas. La pregunta sería entonces, cómo hace usted para darle sentido al acto de beber? ¿Le da sentido? ¿Tiene sentido? ¿Debería tenerlo?… Como sea, que esto, que el otro… ¡Salud!

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